Oliver Schtrom es un antagonista central de Wise Man’s Grandchild, un hombre de piel oscura y cabello blanco que fue el primer demonizado del mundo en conservar una razón completa y que se convirtió en el líder de los demonizados.
Oliver Schtrom, cuyo nombre original era Oliveira von Stradius, fue un duque del Imperio Blue Sphere con derecho de sucesión al trono imperial.
En la historia actúa como el gran enemigo de Shin Wolford durante la primera mitad y parte media de la obra, especialmente entre los volúmenes 1 y 10.
Se trata de un hombre culto, sereno y aparentemente refinado.
Sin embargo, tras su transformación en demonizado perdió casi todas sus emociones, conservando solo el odio, el deseo de venganza y un leve placer en la destrucción.
Su voz en la versión animada está interpretada por Toshiyuki Morikawa.
Antes de convertirse en Oliver Schtrom, era Oliveira von Stradius, un noble de alto rango del Imperio Blue Sphere.
Como duque con derecho al trono, se preocupaba profundamente por la decadencia del imperio y por su sistema corrupto.
A diferencia de la nobleza imperial más conservadora, defendía políticas centradas en el bienestar del pueblo llano, inspiradas en el modelo de Earlshide.
Era, en esencia, un hombre inteligente, compasivo y con auténtico sentido de la justicia.
Su vida cambió por completo dos años antes de los hechos principales.
Su rival político, Herald von Richmond, le tendió una trampa para incriminarlo.
Los habitantes de su territorio, manipulados y convertidos en turba, lo traicionaron.
Durante ese caos asesinaron a su esposa embarazada, Aria, y también al hijo que ella esperaba.
La desesperación, la rabia y el odio hicieron que su poder mágico se descontrolara.
Así se convirtió en un demonizado, aunque a diferencia de otros retuvo la razón y la inteligencia.
A primera vista, Oliver parece un caballero elegante y educado.
Habla con calma, piensa con frialdad y casi nunca pierde la compostura.
Pero esa imagen oculta a un hombre emocionalmente devastado.
Después de su transformación quedó vacío de casi todos los sentimientos, salvo la venganza contra el imperio y un pequeño gusto por ver cumplidos sus planes.
Por eso puede ser implacable hasta el extremo.
Manipular, sacrificar o matar a otros no le provoca culpa ni conflicto moral si eso lo acerca a su objetivo.
Aun así, no es un villano meramente grotesco o impulsivo.
Conserva parte de la brillantez intelectual que tenía como humano y reflexiona con seriedad sobre el significado de la existencia de los demonizados.
También muestra una curiosa modestia, pues no se deja arrastrar por deseos vulgares ni por ambiciones superficiales.
Esa mezcla de lucidez, tragedia y vacío emocional lo convierte en un antagonista especialmente complejo.
Su odio hacia el Imperio Blue Sphere es absoluto.
No distingue entre nobles y plebeyos, ya que considera culpable a todo el sistema y a toda la sociedad que permitió la muerte de su familia.
Ese mismo vacío emocional explica su indiferencia hacia sus propios subordinados.
Incluso demonizados que le profesan una lealtad total, como Myria y Zest, apenas reciben atención de su parte.
Oliver destaca por su piel morena y su cabello blanco, rasgos que le dan una presencia llamativa y distinguida.
Su aspecto, unido a su porte inteligente y elegante, refuerza la impresión de que es alguien excepcional.
Como demonizado, sus ojos adquieren el característico tono rojo.
Durante su etapa infiltrado los ocultó con un antifaz, fingiendo haber quedado ciego tras perder una disputa por la sucesión y haber huido del imperio.
Infiltración en Earlshide
Después de convertirse en demonizado, Oliver contactó con Zest y con una unidad de inteligencia imperial formada por plebeyos.
Aprovechó el resentimiento que sentían hacia la aristocracia para incorporarlos a su causa y preparar su futura rebelión.
Más tarde se infiltró en el Reino de Earlshide como profesor de magia en la academia intermedia.
Allí se presentó como un noble imperial exiliado y ciego, ocultando así su verdadera naturaleza.
Durante su etapa como docente observó atentamente a los alumnos.
Al fijarse en Kurt von Reetsburg, heredero de una casa condal, vio la oportunidad perfecta para experimentar.
Oliver lo entrenó personalmente y aumentó sus capacidades mágicas.
Al mismo tiempo, alimentó en él una ideología elitista parecida a la de la nobleza imperial y desestabilizó deliberadamente su personalidad.
Gracias a eso logró establecer un método para provocar artificialmente la demonización en seres humanos.
Kurt se convirtió en el primer ejemplo exitoso de este proceso inducido.
Descubrimiento y primer enfrentamiento con Shin
Al inicio del siguiente curso en la academia superior de magia, Kurt finalmente se transformó en demonizado.
Sin embargo, fue derrotado por Shin Wolford, lo que frustró una parte importante del plan de Oliver.
Poco después, un investigador que examinaba las relaciones personales de Kurt logró sacarle información mediante un interrogatorio inducido.
Así quedó expuesto como responsable del adoctrinamiento.
Oliver repelió con facilidad a los soldados que intentaron arrestarlo y trató de huir.
En ese momento se encontró por casualidad con Shin y se produjo su primer combate directo.
Aunque fue herido de gravedad y quedó al descubierto como demonizado, consiguió escapar.
Lo hizo usando con gran rapidez magia explosiva para abrirse paso y retirarse del campo de batalla.
Destrucción del Imperio Blue Sphere
De regreso en el imperio, aprovechó los resultados obtenidos con Kurt para demonizar a sus propios subordinados.
Con ellos llevó a cabo maniobras de desinformación y sabotaje que sumieron al ejército imperial en el caos.
Su venganza se dirigió especialmente contra Herald von Richmond, que para entonces ya se había convertido en emperador.
Oliver provocó el colapso total de las fuerzas imperiales y aniquiló al régimen que había destruido su vida.
En la versión animada, además, él mismo mata directamente a Herald.
Tras eso continuó aumentando sus fuerzas al transformar en demonizados a los plebeyos que se sometían a él.
A los demás habitantes del imperio, sin importar su clase social, los fue eliminando uno tras otro.
Así consumó por completo su venganza y provocó la caída definitiva del Imperio Blue Sphere.
Después de esa destrucción, el antiguo territorio imperial pasó a ser conocido como el Viejo Imperio.
Las zonas controladas por los demonizados no fueron reconocidas como Estado por los países vecinos, por lo que se las llamó territorio de los demonizados.
La antigua capital imperial, convertida en base del grupo, empezó a ser llamada Ciudad Demoníaca.
Oliver y sus seguidores permanecieron allí como dueños de facto de las ruinas del viejo imperio.
Vacío tras la venganza
Una vez logrado su objetivo, Oliver perdió casi por completo su motivación.
Se volvió indiferente y mantuvo una actitud de no intervención hacia casi todo.
Durante ese periodo permitió experimentos para comprobar si los demonizados podían tener descendencia entre sí.
Como resultado, tuvo un hijo con Myria.
Sin embargo, el niño nació sin heredar la naturaleza de los demonizados.
Ese hecho llevó a Oliver a una conclusión demoledora: los demonizados no eran una especie viable dentro del orden natural y no tenían futuro como reemplazo de la humanidad.
A partir de ahí pensó que, si no existía lugar para ellos en el mundo, entonces el mundo entero carecía de valor.
Con esa lógica, declaró la guerra a todas las naciones y anunció su intención de exterminar a la humanidad.
Batalla final
La confrontación definitiva tuvo lugar en el castillo del Viejo Imperio.
Allí recibió a Shin y a los Ultimate Magicians en la zona más profunda de la fortaleza.
Durante la batalla mostró un poder abrumador y resistió casi sin daño los ataques del grupo.
Pero su frialdad quedó aún más clara cuando hirió mortalmente con su propia magia a Myria, que intentaba protegerlo.
La furia de Shin alcanzó entonces su punto máximo.
Finalmente, Oliver fue completamente aniquilado por la magia termonuclear de Shin, sin dejar rastro alguno de sus células.
En la versión del manga, la resolución de su historia presenta algunas diferencias notables.
Durante el enfrentamiento final, Oliver intenta provocar la demonización de Shin repitiendo con él una tragedia similar a la que lo destruyó a él mismo.
Para lograrlo, arroja desde una gran altura a Sicily von Claude, que estaba inconsciente, delante de Shin.
Su intención era que la pérdida de la persona amada empujara al protagonista hacia la desesperación absoluta.
Sin embargo, Sicily sobrevive gracias a la intervención de Thor von Flegel y otros compañeros que actuaban por separado.
Shin, además, consigue superar la ira y la desesperación sin caer en la demonización.
Oliver fracasa por completo en su intento.
Después, Shin refuta su lógica y lo deja sin respuesta, destruyendo también el último apoyo intelectual que sostenía su identidad.
A raíz de eso, Oliver pierde incluso la razón que había conservado hasta entonces.
Se transforma en un demonizado sin conciencia, todavía más peligroso y poderoso que Kyle, el demonizado al que se enfrentaron en el pasado Merlin Wolford y sus aliados.
Al final, también en el manga Shin lo derrota con magia termonuclear.
No obstante, su muerte es tratada con cierta tristeza, y Shin lamenta que un hombre así hubiera terminado cayendo en la demonización.
Como demonizado, Oliver posee una cantidad enorme de poder mágico.
Su nivel de combate lo sitúa entre los más fuertes de la obra, solo por detrás de Shin.
Lo que lo hace especialmente peligroso es que mantuvo la razón tras la transformación.
Eso le permitió planificar durante más de dos años una venganza meticulosa y extraordinariamente bien preparada.
También sobresale por su talento técnico con la magia.
En su primer combate contra Shin fue el primero en mostrar el uso de magia de vuelo dentro de la historia.
Más tarde, Shin copiaría esa idea y desarrollaría su propia versión.
Ese detalle deja claro hasta qué punto Oliver era innovador incluso entre personajes excepcionales.
Tiene además gran capacidad de reacción.
Aunque fue superado por Shin en su primer duelo, improvisó una retirada eficaz usando magia explosiva para escapar con vida.
En la batalla final demostró una sensibilidad mágica sobresaliente al aprender por su cuenta la activación paralela de hechizos, una técnica característica de Shin.
Gracias a ello resistió casi sin sufrir daños los ataques combinados de los Ultimate Magicians.
Su talento no se limita al combate.
Durante su etapa como profesor detectaba alumnos prometedores, los invitaba a recibir instrucción privada y conseguía mejorar notablemente sus habilidades mágicas.
Eso sugiere que era un educador realmente dotado.
En el manga, además, enseña a Zest y a otros subordinados métodos para convertir animales en bestias mágicas de forma artificial.
Pese a su inteligencia, Oliver no está libre de defectos.
Su desprecio por los humanos puede volverlo confiado y hacer que subestime ciertas situaciones.
Un ejemplo claro aparece en el incidente de Kurt.
Allí cayó en la trampa de un interrogatorio dirigido por el investigador Ort y terminó revelando información de manera imprudente.
Esa mezcla de genialidad y arrogancia es una parte importante de su carácter.
Lo vuelve fascinante, pero también contribuye a su caída.
Aria
Aria era su esposa y estaba embarazada cuando fue asesinada por la turba manipulada.
Su muerte fue el detonante directo de la caída de Oliver en la demonización.
El amor que sentía por ella y por su hijo no nacido era profundo y sincero.
Ese detalle humaniza mucho su tragedia y explica por qué su odio posterior es tan absoluto.
Myria
Myria fue una subordinada que le profesó una devoción total.
Incluso tuvo un hijo con él como parte de un experimento sobre la reproducción entre demonizados.
Pese a esa cercanía, Oliver nunca dejó de tratarla con frialdad emocional.
Su indiferencia llega al extremo de atravesarla con su propia magia durante la batalla final.
Zest
Zest es uno de los subordinados que se unieron a Oliver por su resentimiento hacia la aristocracia imperial.
Formó parte del núcleo de seguidores que lo ayudaron a ejecutar la destrucción del imperio.
Shin Wolford
Shin es su gran adversario y la figura que termina poniéndole fin.
Entre ambos existe una oposición muy marcada, aunque también comparten ciertos rasgos.
Los dos son excepcionalmente inteligentes, tienen gran talento para la magia y poseen una capacidad notable para enseñar a otros.
Además, el profundo amor de Oliver por su familia perdida recuerda, en cierto modo, a los lazos afectivos que definen a Shin.
Por eso Oliver puede interpretarse como una especie de versión hipotética de lo que Shin podría haber sido si hubiera caído en la demonización.
Esa similitud vuelve su enfrentamiento todavía más potente.
Tras la muerte de Oliver y Myria, su hijo Silvestre quedó huérfano.
El niño fue acogido por Shin y Sicily, y pasó a crecer como hijo mayor de la familia Wolford.
Con el tiempo, Silvestre se desarrolla como un joven brillante y bondadoso.
Ese destino sugiere que, de no haber caído en la demonización, Oliver también podría haber seguido siendo el hombre noble y prometedor que una vez fue.
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