Arnold Berkmann es un oficial de inteligencia del Imperio de Germania con el rango de mayor, posteriormente ascendido a teniente coronel, que sirve en la división de operaciones especiales y encubiertas. Conocido por su mente analítica y su frialdad táctica, desempeña un papel crucial en el conflicto contra el Ducado de Eylstadt durante los eventos de la guerra.
Un estratega frío y calculador
Berkmann se caracteriza por una mente brillante y una personalidad gélida. No duda en tomar decisiones drásticas, como ejecutar a sus propios soldados para proteger el secreto del transporte de Izetta cuando la divisan. Su capacidad para anticiparse a los movimientos enemigos es excepcional: desde el principio sospecha de la existencia de una debilidad en la magia de la bruja, recluta a Basler para su equipo e infiltra espías dentro del ejército de Eylstadt.
El plan del portaviones
Para verificar su teoría, orquesta una operación audaz que utiliza el recién equipado portaviones "Drachenfels" como señuelo. Esta maniobra, que sacrifica un activo militar de primer nivel, le permite obtener los datos de combate necesarios para confirmar la vulnerabilidad de Izetta.
Infiltración en la alta sociedad
Durante la operación de infiltración de Rickert, Berkmann se infiltra personalmente en una fiesta en la mansión Redford, en Britannia. Su verdadero objetivo es entrar en contacto con Izetta y la archiduquesa Finé para conseguir la sangre de la bruja. Su plan funciona a la perfección: Sophie, al ingerirla, despierta por completo de su letargo.
Ascenso y caída
Tras la caída de Lanzbruk, sus éxitos le valen un ascenso a teniente coronel. Sin embargo, su extraordinaria competencia despierta el recelo del mismísimo Emperador. En un giro irónico, es despojado de toda autoridad sobre los asuntos relacionados con las brujas y cae en desgracia.
Un cambio de bando por conveniencia
Acompañado por Heiger de las SS, visita Lanzbruk y localiza el escondite de Finé. En un acto decisivo, dispara a Heiger y se entrega a las fuerzas de Eylstadt. Durante su interrogatorio con Sieghard Müller, negocia su supervivencia a cambio de información vital sobre una nueva bomba de Germania. Su justificación es clara: "Ya no puedo volver a Germania". Su colaboración posterior revela la debilidad crítica de Sophie: su capacidad máxima de combate apenas alcanza las dos horas.
Destino final
Todas sus acciones responden a un único motor: su propio interés, careciendo por completo de un patriotismo o lealtad genuinos. Tras escoltar a Finé y su grupo hasta Vestria, se despide con un irónico "Hasta aquí llega mi escolta. Les deseo éxito". Poco después, su desprecio por la muerte de Rickert enfurece a Basler, quien le sigue el rastro y le dispara.
Sobrevive a la guerra, aunque pierde el ojo derecho, y finalmente se exilia en los Estados Unidos de Atlantá.
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