Makima es un personaje ficticio del manga y anime “Chainsaw Man”, una cazadora de demonios de élite del gobierno japonés y líder de la División Especial Antidemonios 4 de Seguridad Pública, conocida por su belleza serena, su carisma inquietante y su verdadera naturaleza como el Demonio de la Dominación.
Nombre: Makima
Género: Femenino
Afiliación: División Especial Antidemonios 4 de Seguridad Pública
Cargo: Líder de la División 4, cazadora de demonios bajo la directa supervisión del Secretario en Jefe del Gabinete
Altura: 169 cm
Primera persona que usa al hablar: “Watashi” (equivalente a “yo” formal)
Aficiones: Ver películas
Estado civil/relaciones: Superiora directa de Denji
Seiyuu (voz en anime): Tomori Kusunoki
Actriz (adaptación teatral): Aya Hirano
Makima es una mujer de gran belleza, de aspecto elegante y algo etéreo.
Tiene el cabello largo de color rojo cereza (a menudo descrito como rosa cereza) recogido en una sola trenza que cae por la espalda.
Sus ojos son de un amarillo intenso con pupilas en forma de círculos concéntricos, uno de sus rasgos más reconocibles y perturbadores.
Este contraste entre su rostro amable y su mirada hipnótica contribuye a su aura misteriosa.
En el trabajo viste camisa blanca, corbata negra y pantalón de traje, a menudo acompañados por un abrigo largo negro.
En sus días libres opta por ropa más relajada e informal, aunque rara vez se muestra totalmente desarmada o desprevenida.
Entre los empleados de Seguridad Pública, muchos —como Denji o Aki Hayakawa— la admiran y se sienten atraídos por ella.
Su presencia combina elegancia, profesionalismo y un magnetismo que roza lo intimidante.
A primera vista, Makima se muestra tranquila, educada y muy amable con sus subordinados.
Trata a Denji y al resto de la División 4 con una calidez medida, que hace que muchos la respeten y se encariñen con ella.
Sin embargo, bajo esa fachada amable hay una frialdad extrema.
Es capaz de tomar decisiones despiadadas sin vacilar, usando métodos comparables —o peores— que los de la propia yakuza si eso sirve a sus fines.
Makima domina a la perfección la mezcla de “zanahoria y palo”.
Puede recompensar a Denji con afecto, atención o promesas, y al instante siguiente recordarle que “los perros inútiles de Seguridad Pública son sacrificados de forma indolora”.
Cuando Denji le pregunta qué tipo de persona le gusta, ella responde que le gusta “alguien como Denji”.
Es una respuesta calculadamente ambigua, que enreda los sentimientos de Denji y refuerza su dependencia emocional.
Para Denji, Makima es la primera mujer que lo trata con aparente cariño y le ofrece una vida “normal” tras una infancia miserable.
Además de atracción romántica, él proyecta en ella una figura maternal que nunca tuvo, algo que el propio autor sugiere con el juego de palabras del nombre “Makima”.
Su sensibilidad artística también resulta particular.
Aunque es una cinéfila apasionada que pasa días libres encadenando sesiones de cine, afirma que solo una de cada diez películas consigue gustarle de verdad.
Durante una cita de cine con Denji, encuentra precisamente una de esas escasas películas que la conmueven.
En esa proyección se la ve llorar en silencio, mostrando un destello de emoción genuina detrás de su máscara calculadora.
Makima aparece cuando Denji, tras fusionarse con Pochita y convertirse en Chainsaw Man, derrota al Demonio Zombi.
Se presenta con un abrigo largo y dos hombres corpulentos a sus lados, identificándose como cazadora de demonios de Seguridad Pública.
Ella percibe inmediatamente que Denji tiene un “olor” distinto, ni humano ni demonio corriente.
Tras confirmar su naturaleza híbrida, le plantea dos opciones: morir allí mismo como demonio o vivir como “perro” suyo dentro de Seguridad Pública.
Makima le promete que, si la elige, le dará comida y una vida mejor, pero dejando claro que será “su mascota”.
Denji, agotado y hambriento, acepta sin dudar, seducido por la simple idea de recibir un trato amable y algo de comida decente.
En el camino hacia la sede, Makima le ordena a Denji que elimine a un demonio cercano para evaluarlo.
Cuando él vacila, ella le recuerda que ahora está “a su cargo” y que solo se aceptan las respuestas “sí” o “guau”, dejando claro que un perro que dice “no” no le sirve.
Ya en la sede central, Makima le explica la existencia de un demonio al que todos los cazadores quieren destruir.
Le dice que, si algún día Denji consigue matar a ese demonio, cumplirá cualquier deseo que él tenga, reforzando así la motivación y la dependencia emocional de Denji.
A lo largo de la obra, Makima mantiene el control de la caótica División Especial 4, repleta de personajes excéntricos y peligrosos.
Su autoridad rara vez se cuestiona abiertamente, aunque figuras veteranas como Himeno y Kishibe desconfían profundamente de ella.
Con el paso de las misiones, Makima manipula la vida de Denji y de sus compañeros para ir rompiendo la mente del protagonista.
Su objetivo es hacer surgir por completo a Chainsaw Man, la entidad que reside en Denji, para poder usar su poder.
Finalmente, consigue quebrar el espíritu de Denji tras múltiples tragedias y pérdidas, haciendo que Chainsaw Man emerja como su “héroe ideal”.
Sin embargo, el plan se ve frustrado por la intervención de Power y la posterior recuperación emocional de Denji, que logra idear una estrategia para derrotarla.
En el clímax de la historia, Denji consigue engañarla y la vence de una forma inesperada: comiéndosela y “uniéndose” a ella con su propio cuerpo humano, anulando así el contrato que la hacía inmortal.
De esta manera, Makima acaba desapareciendo, y con ella la protección sobrenatural que la hacía prácticamente invencible.
El gran secreto de Makima es que no es una simple humana ni una cazadora de demonios cualquiera.
En realidad, es la encarnación del Demonio de la Dominación, una de las entidades más temibles del mundo de “Chainsaw Man”.
Su poder está vinculado al concepto de “dominar” o “controlar” las cosas y a los seres vivos.
Cuanto más miedo se tiene a la idea de ser dominado, esclavizado o manipulado, más fuerte es Makima como demonio.
Makima está ligada al gobierno japonés mediante un contrato con el Primer Ministro.
Gracias a este pacto, cada vez que es “asesinada”, ella revive, y el daño se transfiere a un ciudadano japonés escogido al azar en forma de enfermedad, accidente u otro tipo de desgracia.
Este contrato la convierte en una especie de “inmortal legal”: atacar a Makima significa condenar a inocentes.
Eso hace que eliminarla sea casi imposible por medios convencionales, tanto ética como prácticamente.
Uno de sus rasgos más inquietantes es su capacidad para recordar, al menos durante un tiempo, los nombres de demonios que Chainsaw Man ha devorado.
Cuando un demonio es comido por Chainsaw Man, el concepto mismo que representa desaparece del mundo, pero Makima puede retener ese recuerdo brevemente gracias a su naturaleza de dominación y control.
Según la interpretación de Pochita (Chainsaw Man en su forma original), Makima en el fondo ansía tener familia y relaciones de igualdad.
Al mismo tiempo, solo ha sabido relacionarse con otros a través del miedo y la autoridad absoluta, lo que la condena a la soledad.
Makima siente una auténtica fascinación por Chainsaw Man, no solo como poder destructivo, sino como figura de “héroe”.
Para ella, Chainsaw Man es capaz de crear un mundo mejor al devorar y borrar de la realidad todo aquello que “el mundo sería más feliz si desapareciera”.
Su plan es someter el poder de Chainsaw Man a su voluntad, controlarlo y usarlo como herramienta.
Así, pretende borrar del mundo cosas como el miedo más extremo, el sufrimiento o elementos que, según su criterio, hacen infeliz a la humanidad.
Paradójicamente, uno de sus objetivos ocultos es construir un mundo donde ella misma pueda tener relaciones verdaderamente igualitarias con otros seres.
Al eliminar los miedos que justifican su dominación, cree que podría dejar de ser una figura que solo sabe crear vínculos mediante el terror.
Makima también expresa que ser devorada por Chainsaw Man es, de algún modo, un destino que aceptaría de buen grado.
Es decir, su deseo es dual: dominar a Chainsaw Man y, al mismo tiempo, ser destruida por él, como si ambos caminos fueran aceptables para su visión idealizada.
Esta mezcla de anhelo por el control absoluto y ansia de redención a través de la destrucción la convierte en uno de los personajes más complejos de la obra.
Sus actos crueles conviven con un objetivo que, en su mente, tiene un matiz casi “altruista”, aunque los métodos sean brutales.
Makima es temible tanto como líder estratégica como combatiente individual.
Aunque inicialmente se presenta como una cazadora de demonios “normal” con contratos desconocidos, sus capacidades superan con creces a cualquier humano.
Entre sus poderes más destacados se encuentran:
Regeneración e “inmortalidad” contractual
Puede ser disparada, apuñalada o aparentemente asesinada y aun así volver intacta poco después.
Cada muerte se “paga” con la vida o la salud de un ciudadano japonés anónimo, debido a su contrato con el Primer Ministro.
Ejecución a distancia mediante sacrificio humano
Puede usar prisioneros como sacrificios: hace que pronuncien el nombre de un objetivo mientras ella realiza un gesto específico con las manos.
El resultado es que el objetivo muere aplastado de forma invisible y brutal, mientras el sacrificio también muere en el proceso.
Matanza con la mirada y presión invisible
En más de una ocasión basta con que Makima mire fijamente a alguien para que este sangre por los orificios o caiga inconsciente, si no muerto.
También puede abrir enormes agujeros en el cuerpo de un objetivo, destrozándolo sin necesidad de contacto físico directo.
Control mental y físico de otros seres
Posee la capacidad de domin
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