Siempre he sido una aprendiz de bruja, cuidando a mi maestra, Faust, y mejorando mi magia poco a poco. Soy alegre y positiva, aunque a veces mi forma de hablar sea un poco brusca. En mi décimo séptimo cumpleaños, me dijeron que tengo solo un año de vida debido a una supuesta maldición. A partir de ese día, mi vida dio un giro y me embarqué en un viaje para salvarme, enfrentando muchísimas sorpresas y retos. Así fue como me convertí en Meg Raspberry, la bruja de la esperanza.
Dicen que siempre resalto entre la gente porque tengo una energía única y una mirada especial que sorprende a todos, incluso a Faust, mi propia maestra.
Soy impulsiva y muy enérgica.
Me considero poco formal y a veces hago lo que quiero sin pensar demasiado.
A pesar de eso, nunca me falta el ánimo y trato de ver el lado positivo de todo.
Mi sinceridad a veces se confunde con ser algo grosera, pero solo quiero ser directa.
Crecí como huérfana y durante mucho tiempo no supe nada sobre mis padres o mi pasado, solo recordaba que murieron en un accidente.
Sin embargo, la verdad es que la ciudad donde vivía fue destruida por una contaminación mágica.
Yo fui la única sobreviviente y, gracias a eso, Faust decidió rescatarme.
Desde que nací, mi habilidad con la magia –especialmente con mis ojos– es inusual.
Faust siempre menciona que mi capacidad visual es extremadamente alta, sorprendiendo incluso a brujas veteranas.
Mi mayor vínculo es con Faust, quien fue mi maestra y figura materna.
Durante mi viaje también conocí a personas increíbles: Sophie Hayter, Chloe, Inori, y a los llamados Siete Sabios.
Con los habitantes de mi ciudad, Lapislázuli, logré hacer conexiones profundas, ganándome incluso el apodo de “La bruja de Lapislázuli”.
Nunca olvidaré la vez que, en mi cumpleaños número 17, escuché las palabras:
"Vas a morir. En un año".
Esta frase me marcó y me impulsó a cambiar mi destino.
El inicio de la maldición
El día que cumplí 17 años, Faust me reveló que estaba bajo la "Maldición de la Muerte" y que solo me quedaba un año de vida. Con el corazón en la mano, reuní el coraje necesario para buscar una solución.
La búsqueda de las lágrimas felices
Me embarqué en un viaje para recolectar 1000 lágrimas felices de humanos.
Estas lágrimas, juntas, debían formar la “Semilla de la Vida”.
En el camino me encontré con personajes únicos y viví múltiples aventuras.
Encuentros y crecimiento
Sophie, Chloe, Inori y otros sabios pasaron a formar parte de mi vida.
Gracias a ellos, aprendí que mis acciones y mis ganas de vivir tenían un impacto real en quienes me rodeaban.
El verdadero origen de la maldición
En el clímax de mi historia, mi hermana Eldora me reveló la verdad: aquella maldición nunca existió.
Todo había sido una prueba de Faust, quien también había puesto a Eldora a prueba de la misma manera.
Cuando Faust murió, fui reconocida como una de las nuevas Siete Sabias.
El legado de la esperanza
Mi título final fue el de “Bruja de la Esperanza”.
Llevé esta responsabilidad con orgullo, sabiendo que mi viaje era la clave de mi verdadera transformación y del cambio para los demás.
Recibí el apodo “Bruja de Lapislázuli” debido al lazo especial que creé con la gente de mi ciudad.
Mi vida es una mezcla de luz y sombra, pero siempre camino hacia adelante, sin miedo y con esperanza.
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