Sae Itoshi

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Sae Itoshi
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Edad: 18
Cumpleaños: 10 de octubre
Zodiaco: Libra
Género: Masculino
Altura: 180cm (5'11")
Tipo de sangre: A
Nombre en inglés: Sae Itoshi
Nombre japonés: 糸師 冴(いとし さえ)
Nombre chino: 糸師冴
Nombre en coreano: 이토시 사에
Debut del manga: Capítulo 4
Debut en el Anime: Episodio 2
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Yo este personaje

🎙️ Actor de voz de anime

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Takahiro Sakurai
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Japonés(Anime、Actor de doblaje)
Yuuko Sanpei
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Japonés(Anime、Actor de doblaje)
Alejandro Saab
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Inglés(Anime、Actor de doblaje)
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🎬 Anime en los que aparece

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Blue Lock
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Fecha de lanzamiento: 9 de octubre de 2022
BLUE LOCK Season 2
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Fecha de lanzamiento: 5 de octubre de 2024

Configuración del personaje

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Sae Itoshi es un personaje ficticio de la serie de fútbol Blue Lock, un centrocampista prodigio conocido mundialmente, integrante de la “Nueva Generación de Once Estrellas Mundiales” y considerado una de las mayores promesas del fútbol japonés, además de ser el hermano mayor de Rin Itoshi.

Nombre: Sae Itoshi

Género: Masculino

Edad: 18 años

Fecha de nacimiento: 10 de octubre

Curso escolar: Tercer año de secundaria alta

Signo zodiacal: Libra

Lugar de nacimiento: Kamakura, prefectura de Kanagawa, Japón

Familia: Padre, madre, él mismo y su hermano menor Rin Itoshi

Altura: 180 cm

Talla de pie: 26,5 cm

Tipo de sangre: A

Posición actual: Centrocampista ofensivo (exdelantero)

Equipo antes de regresar a Japón: Categorías inferiores del club europeo “Reo de Ares” (Les Arcs, club ficticio de élite)

Pierna dominante: Zurdo

Apodo / Sobrenombre: “Tesoro de Japón”

Jugador favorito: Álvaro Recoba, “el zurdo creador que dibuja un arcoíris en el campo”

Edad a la que empezó a jugar al fútbol: 1 año (“cuando me di cuenta, ya estaba jugando”)

Lo que considera su mayor virtud: Capacidad para ver las cosas de forma objetiva y desapasionada (“dicen que soy frío, pero me da igual”).

Lo que considera su mayor defecto: No saber nada que no sea fútbol (“no viváis así, de verdad”).

Comida favorita: Té de alga salada (shio-kombu cha), porque le hace “volver al yo en cero”.

Comida que no le gusta: Patatas fritas (“están mortales de buenas, pero creo que matan el cuerpo”).

Mejor acompañamiento para comer arroz: Alga salada en tiras (shio-kombu), que recibe desde su casa porque “en España no hay”.

Aficiones:

– Análisis de datos de futbolistas y equipos (“me gusta que todo se pueda visualizar en números”).

Estación del año favorita: Final del verano (“parece que el mundo entero se pone un poco triste”).

Programa de TV favorito: Una serie de comedia costumbrista similar a “Chibi Maruko-chan”, porque le recuerda a casa.

Música favorita: “Suisei (feat. Seira Kariya)” de tofubeats, que escucha para enfriarse después de jugar.

Película favorita: “Taxi Driver”, por la versión de Robert De Niro que considera más carismática.

Manga favorito: “GeGeGe no Kitaro”.

Color representativo: Color azuki (rojo amarronado).

Animal favorito: Gaviota, por ser un ave migratoria que no se queda en un solo lugar.

Marca favorita: Todas las marcas que lo patrocinan (“las empresas que apuestan por mí no se equivocan”).

Asignatura favorita: Ninguna en especial; admite que apenas ha escuchado las clases y ni siquiera ha mirado sus boletines de notas.

Fetichismo / tipo de rasgo que le atrae: Fetiche por los glúteos (“la capacidad de un atleta se entiende por la forma del trasero”).

Qué le hace feliz que le hagan: Que alguien ejecute una jugada que supere su imaginación.

Qué le entristece que le hagan: Que intenten cargarle con el peso del fútbol japonés (“hablo de vosotros, los que esperáis eso de mí”).

Primera confesión amorosa que recuerda: Ha recibido tantas que ni recuerda cuál fue la primera.

Número aproximado de chocolates en San Valentín el año anterior: Unos 2000, según su mánager.

Horas de sueño: 8 horas (7 por la noche + 1 de siesta).

Primera parte del cuerpo que se lava en la ducha: La línea de nacimiento del flequillo.

Equipo “galletas con chocolate”: Elige entre “seta” o “bambú” según su estado de ánimo (referencia a dos snacks rivales).

Última vez que lloró: No lo dice (“¿crees que voy a contarlo, idiota?”).

Edad hasta la que creyó en Papá Noel: Hasta los 10 años (“hasta que mi hermano dejó de creer”).

Qué le pidió a Papá Noel: Un talento propio todavía desconocido.

Qué haría en su último día en la Tierra: Dar el pase perfecto al mejor delantero del mundo.

Qué haría con 100 millones de yenes: No le interesa; para él es “calderilla”.

Cómo pasa sus días libres: Mirando el mar.

Si no hubiera conocido el fútbol: Estaría viviendo una vida “normal y feliz” y probablemente no tendría el carácter que tiene.

Personaje histórico favorito: Nicolás Copérnico, por haber cambiado la visión del mundo y destrozado las “verdades” establecidas.

Qué llevaría a una isla desierta: Nada; prefiere vivir sin reglas.

Si pudiera usar una máquina del tiempo: No le interesa ni el pasado ni el futuro; no quiere expectativas ni decepciones y prefiere vivir solo el presente.

Actor de voz en la adaptación animada (adulto): Sakurai Takahiro (en japonés).

Actor de voz en la infancia: Sanpei Yuko (en japonés).

Sae Itoshi es un centrocampista de clase mundial y una figura central en la narrativa de Blue Lock.

Es presentado como un genio precoz que, desde niño, arrasó en el panorama juvenil japonés y más tarde dio el salto a un club de élite europeo, el “Reo de Ares”, donde pulió su fútbol contra la élite mundial.

Es el hermano mayor de Rin Itoshi, el número 1 de Blue Lock, con quien mantiene una relación rota y llena de resentimiento.

Aunque en su infancia eran muy unidos y compartían el sueño de convertirse en los dos mejores delanteros del mundo, Sae cambia radicalmente su objetivo tras conocer el verdadero nivel del fútbol europeo.

En el presente de la historia es considerado uno de los mejores mediocampistas jóvenes del mundo y uno de los más prometedores arquitectos de juego de su generación.

A pesar de su talento y fama, muestra un profundo desdén hacia el fútbol japonés, al que considera atrasado y mediocre, y declara que “nació en el país equivocado”.

Su rol en la trama se expande al convertirse en pieza clave de la selección sub-20 de Japón y en el mayor obstáculo al que se enfrentan los delanteros de Blue Lock.

Su presencia redefine el nivel del partido y sirve como vara de medir de lo que significa “jugar al nivel del mundo real”.

Sae es arrogante, soberbio y sin filtros en su forma de hablar.

No muestra respeto automático ni siquiera ante dirigentes, entrenadores o periodistas, y su desdén por el entorno futbolístico japonés es explícito y recurrente.

Sin embargo, esa arrogancia viene sostenida por un talento real y un sentido del fútbol extremadamente exigente.

Para él, un delantero que tiene menos capacidad goleadora que él mismo ni siquiera merece ser llamado delantero.

Considera que la función principal de un atacante es convertir en gol las oportunidades que él crea.

Si percibe en un jugador hambre de gol y voluntad de matar el área, está dispuesto a darle balones y apoyo, sin favoritismos.

Tiene un fuerte sentido de la eficiencia y vive obsesionado con la “respuesta óptima” en el campo.

Rin describe su esencia como “destruir de forma bella”, es decir, utilizar una lógica y cálculo casi fríos para demoler la estructura rival con elegancia.

Fuera del campo, se muestra extremadamente pragmático y emocionalmente distante.

No idealiza el pasado ni fantasea con el futuro: solo le interesan los hechos y el rendimiento del presente.

Aun así, posee cierta curiosidad cuando percibe talento real.

Puede sacrificar tiempo y energía para evaluar en persona a alguien que le llame la atención, como ocurre con Ryūsei Shidō.

Con las personas a las que reconoce, su actitud sigue siendo altiva, pero es capaz de escuchar peticiones y llegar a compromisos.

Ese pequeño margen de flexibilidad revela que no es un narcisista vacío, sino un competidor que respeta la grandeza cuando la ve.

Sus frases emblemáticas resumen su mentalidad elitista:

– “Quiero comprobar con mis propios ojos qué clase de delantero (idiota) puede nacer en este país.”

– “Voy a subir el nivel del juego… y solo a los idiotas que puedan seguirme les mostraré el siguiente paisaje.”

– A Rin, en pleno duelo, le suelta: “Mientras sigas siendo solo mi hermano pequeño… jamás podrás superarme.”

Sae Itoshi es un mediocampista total con cualidades de delantero de élite.

Su técnica, visión y comprensión táctica están varios peldaños por encima de la media incluso a nivel profesional.

Cada una de sus acciones en el campo está cargada de intención y cálculo.

Sus pases tienen un toque y una precisión capaces de maximizar al extremo las virtudes de sus compañeros, poniéndolos en condiciones ideales para rematar.

Su lectura del juego es excepcional: anticipa movimientos, ritmos y cambios de velocidad con una frialdad casi computacional.

Cuando se “pone serio”, la obra emplea una metáfora visual de columnas de números a su espalda, subrayando que su juego es una ecuación resuelta en tiempo real.

Su dribbling se basa en un estilo “pasivo” de contraataque: no fuerza el regate, sino que observa el ritmo del rival, sus apoyos y microgestos para atacarlos justo en el instante en que pierden equilibrio.

Esta “conducción de contra-ritmo” es tan efectiva que rivaliza con los mejores regateadores natos.

A pesar de jugar como mediocentro ofensivo, posee una potencia de disparo y una técnica de golpeo que no tiene nada que envidiar a la de un nueve puro.

Es capaz de ejecutar disparos con efecto de caída vertical desde ángulos imposibles, como su famoso tiro con rotación descendente prácticamente sobre la línea de gol.

Su pasado como delantero es clave para entender su instinto asesino en el área.

En su etapa juvenil perseguía el sueño de ser “el mejor delantero del mundo”, y ese bagaje ofensivo se transforma ahora en una amenaza constante llegando desde segunda línea.

Además de todo ello, eleva el rendimiento de quienes juegan a su alrededor.

Su presencia organiza a la selección sub-20, mejora el nivel de toma de decisiones del equipo y obliga tanto a compañeros como rivales a operar a una velocidad mental superior.

En términos de mentalidad, persigue la opción más racional en cada jugada, incluso si implica decisiones extremas o impopulares.

Su filosofía de “destruir de forma bella” se traduce en demoliciones tácticas impecables del rival, sin sentimentalismo.

Inicios como prodigio

Desde los 8 años, Sae fue catalogado como “niño prodigio del fútbol japonés”.

Acumuló MVPs en torneos infantiles y juveniles, liderando equipos a títulos y colocándose rápidamente en el radar de medios y ojeadores.

Rin lo veía como un héroe absoluto.

Ambos hermanos compartían tardes de juego, risas y conversaciones sobre el futuro, construyendo el típico vínculo de dos hermanos que sueñan juntos con la cima del mundo.

En un partido de Sae, el joven Rin, sin poder contenerse, irrumpió en el campo y presenció un gol decisivo.

Lejos de enfadarse, Sae percibió un destello de talento en su hermano y lo invitó directamente a jugar al fútbol.

A partir de ahí, Rin empezó en el deporte motivado por la admiración hacia su hermano y la promesa de volverse fuertes juntos.

En el campo, su química era perfecta: combinaciones precisas, entendimiento implícito y una dupla que dominaba categorías inferiores.

Su sueño compartido era muy claro:

Sae sería el mejor delantero del mundo, y Rin sería el segundo mejor delantero del mundo justo detrás de él.

Ese futuro se tambalea cuando Sae recibe la oferta de un club europeo legendario, el “Reo de Ares”, para unirse a sus categorías inferiores.

Antes de partir, le dice a Rin que solo se adelanta y que espera que su hermano se una a él algún día en Europa.

Rin, reprimiendo la tristeza, lo despide con una sonrisa y una promesa: entrenar sin descanso para alcanzar la cima como delantero.

Es un momento de separación cargado de esperanza y determinación mutua.

Cambio de sueño: de delantero a mediocampista

El reencuentro entre ambos se produce cuatro años después, en un frío día de invierno con nieve.

Rin se entrena solo hasta tarde, empujado por la idea de alcanzar a Sae, cuando este aparece de improviso.

Sae le cuenta que ha visto un mundo mucho más grande de lo que imaginaban.

Confiesa que ha encontrado jugadores aún mejores que él y que eso ha cambiado su forma de entender el juego.

Entonces lanza la bomba: ha abandonado su sueño de ser el mejor delantero del mundo.

Ahora quiere convertirse en el mejor mediocampista del planeta.

Rin, devastado, no entiende cómo su hermano puede “rendir la toalla” tan de repente.

Sae le responde que solo alguien que no ha visto el mundo puede hablar así, subestimando la diferencia de nivel.

Rin le reprocha que fue él quien lo arrastró a compartir un sueño.

Le dice que “el hermano con el que soñó no era ese” que ahora renuncia y cambia de papel.

En respuesta, Sae le propone un uno contra uno con una apuesta brutal.

Si Rin gana, Sae volverá a perseguir el sueño de ser el mejor delantero junto a su hermano; si Rin pierde, el sueño compartido termina ahí.

El duelo se resuelve con una superioridad aplastante de Sae.

Rin, aún siendo una estrella juvenil en Japón, no puede acercarse al nivel que su hermano ha adquirido en Europa.

Destrozado, Rin intenta aferrarse a la idea de que se convertirá en el número uno de Japón y que continuará el sueño en su lugar.

Sae no muestra consuelo alguno y, en cambio, lo remata con una cadena de frases crueles.

Le dice que, si ese es el caso, mejor que deje el fútbol.

Le llama lento, ingenuo y arrogante por creer que puede llenar su lugar con logros domésticos.

Desprecia su etiqueta de “número uno de Japón” y la idea de “sustituir al hermano”.

Afirma que eso le da asco y que nunca más quiere que Rin use su nombre como motivo para jugar.

Finalmente, sentencia que Rin no es más que un hermano molesto y prescindible.

Le afirma que, sin talento real para su estándar, Rin no tiene valor en su vida y le ordena desaparecer de ella.

Ese momento rompe definitivamente el vínculo fraternal.

Rin convierte su amor en odio y su objetivo en una sola cosa: derribar a Sae algún día en el campo.

Relación con Blue Lock

Al inicio de Blue Lock, Sae ya es una figura consolidada en Europa y vuelve temporalmente a Japón por la caducidad de su pasaporte.

Durante una entrevista, deja clara su falta total de interés en jugar en su país de origen, afirmando que prefiere enfrentarse a universitarios alemanes antes que perder el tiempo en la liga doméstica.

En esa misma aparición mediática, machaca al fútbol japonés, lo tacha de atrasado y sentencia que simplemente “nació en el país equivocado”.

El trato con periodistas y mánagers es tan directo que muchos temen que se gane la enemistad de la prensa.

En el hotel donde se celebra la rueda de prensa, se entera del proyecto Blue Lock.

Allí descubre que la federación quiere crear un “héroe” que lleve a Japón a ganar el Mundial.

Por primera vez, siente una chispa de curiosidad hacia el fútbol japonés.

Cancela por voluntad propia su vuelo de regreso a España y decide quedarse en Japón para observar qué clase de delantero puede producir ese experimento extremo.

Su frase lo resume: quiere comprobar con sus propios ojos “qué tipo de delantero (idiota) puede nacer en este país”.

Ese interés, al principio distante, se convertirá más adelante en respeto genuino hacia ciertos jugadores de Blue Lock.

Antes del partido contra Blue Lock

Tras las primeras fases del proyecto, surge un conflicto entre la Federación Japonesa de Fútbol y Jinpachi Ego, el arquitecto de Blue Lock.

Como consecuencia, el formato de la tercera selección cambia radicalmente, incluyendo la organización de un partido entre la selección sub-20 y un once formado por jugadores de Blue Lock.

Sae es convocado para reforzar a la sub-20 de Japón.

En la reunión con el presidente de la federación y el seleccionador sub-20, mantiene su tono desafiante y deja claro que su opinión sobre el equipo no es positiva.

Ha revisado vídeos de la sub-20 y la califica de “basura”.

Especialmente critica a los delanteros, diciendo que son “una sopa de mediocridad hervida hasta convertirse en vómito”.

En un primer momento incluso baraja rechazar la selección y volver a Europa.

Sin embargo, el presidente le ofrece la posibilidad de convocar a cualquier jugador que él quiera para que juegue a su lado.

Sae menciona que hay “un delantero (idiota)” en Blue Lock con el que quiere jugar.

Decide ir personalmente a Blue Lock para hablar con él.

Ese delantero es Ryūsei Shidō, un atacante salvaje y obsesionado con el gol.

Sae le propone un trato directo: “quiero tu ego, desata el caos por mí”.

Sinergia con Ryūsei Shidō

Sae ve en Shidō el tipo de delantero que encaja con su fútbol.

No pretende domarlo, sino ofrecerle la estructura perfecta para que destruya el área rival.

En el vestuario, deja claro que si va a jugar en la sub-20 es bajo sus condiciones.

Exige que Shidō sea incluido para el partido contra el once de Blue Lock, aunque eso suponga romper jerarquías.

Shidō acepta encantado la propuesta de Sae, atraído por la posibilidad de marcar goles gracias a balones de calidad absoluta.

Ambos crean un eje ofensivo devastador que el propio Sae bautiza como “la unidad protagonista”: él como director, Shidō como verdugo.

Comienzo del encuentro y primer gol

En el partido entre la sub-20 y el equipo de Blue Lock, Sae sale como titular.

El capitán y defensor central Oliver Aiku le entrega el balón y, desde ese momento, Sae toma el control del ritmo.

Con una serie de toques técnicos impecables, va superando líneas y compensando los puntos débiles de sus compañeros.

El nivel de su juego es tan superior que parece estar jugando a otra velocidad.

Irritado porque sus compañeros fallan las ocasiones que él genera, Sae decide finalizar él mismo una jugada.

Lanza un disparo con un efecto de caída brutal desde casi sobre la línea de gol y marca el 1-0 nada más empezar.

Este gol refleja su capacidad de decisión y su faceta de finalizador letal.

También envía un mensaje claro: si nadie aprovecha sus pases, no tiene problema en anotar por su cuenta.

Duelo con Rin Itoshi en la primera parte

En el transcurso de la primera mitad, Sae se encuentra repetidamente con Rin.

En los uno contra uno, Sae muestra una superioridad abrumadora y deja claro que la distancia entre el fútbol japonés e internacional también se refleja entre ellos.

En un momento clave, le dice: “Mientras sigas siendo mi hermano pequeño, no vas a poder superarme”.

No se trata solo de una provocación, sino de una declaración de jerarquía que Rin lleva años intentando derribar.

Sin embargo, la selección sub-20 empieza a sufrir el empuje del once de Blue Lock.

La intensidad, la creatividad y la obsesión por el gol de jugadores como Yoichi Isagi empiezan a cambiar el rumbo del partido.

El equipo de Ego logra darle la vuelta al marcador y Sae comienza a tomarse el partido más en serio.

Aun así, la primera mitad termina con la sub-20 en desventaja de un gol.

El intento de abandono en el descanso

Durante el descanso, los jugadores de la sub-20 discuten cómo remontar.

Mientras tanto, Sae se ducha, se seca y se aplica crema en plena media parte, como si el partido hubiera terminado para él.

Acto seguido anuncia que se va a ir, dando prácticamente por perdido tanto el encuentro como el proyecto de la selección.

Esta actitud provoca enfado generalizado entre sus compañeros, que ven cómo su mejor jugador no confía en ellos.

Entonces interviene Oliver Aiku.

Confiesa que, pese a las críticas, Sae le ha hecho replantearse su propia carrera y que la presencia de Shidō le ha devuelto ganas de luchar.

Con esa declaración y la decisión del cuerpo técnico de poner a Shidō en el campo, Sae reconsidera su marcha.

Acepta seguir jugando la segunda mitad, con una condición muy clara: el ataque pasará por él y Shidō.

Antes de volver al campo, mira a Shidō y le suelta:

“Desátate, demonio. Los protagonistas somos tú y yo.”

La explosión ofensiva con Shidō

Con Shidō en el terreno de juego, Sae muestra su mejor versión.

Le pone balones milimétricos, adaptados a su estilo caótico y agresivo, y juntos generan un vendaval ofensivo.

Cuando percibe que el once de Blue Lock también está subiendo de nivel, decide aumentar aún más el ritmo.

Dice que va a “subir el nivel del juego” y que solo quienes puedan seguirle verán “el siguiente paisaje”.

Incluso enfrentándose a varios jugadores a la vez, incluidos Yoichi Isagi, Rin y otros, Sae consigue llevar el balón hasta zonas de gol.

Sus conducciones y pases convierten cada ataque en una amenaza de gol, y la sinergia con Shidō se vuelve el arma más peligrosa de la sub-20.

El partido se convierte en un intercambio de golpes de altísimo nivel.

La sub-20 y el once de Blue Lock se alternan en el marcador, reflejando la tensión entre el viejo sistema y la nueva generación de delanteros egoístas.

El desenlace y la victoria de Blue Lock

En el tramo final, Sae vuelve a enfrentarse a Rin en un uno contra uno decisivo.

Hasta ese momento, todos los duelos directos habían caído del lado de Sae, reforzando la dinámica de hermano mayor invencible.

Esta vez, sin embargo, Rin ha evolucionado.

Aprovechando que conoce la lógica y la forma de pensar de Sae, consigue leer su movimiento y encontrar una diminuta ventana de oportunidad.

En una acción extremadamente precisa, Rin le roba el balón por primera vez.

Es un instante breve, pero significativo: simbólicamente, Rin consigue superar a Sae en una jugada.

El balón suelto cae en la zona de influencia de Yoichi Isagi.

Isagi, que ha pasado el partido analizando y adaptándose a todos, capitaliza esa jugada y marca el gol de la victoria para el once de Blue Lock.

La selección sub-20 de Japón pierde el partido.

A efectos del proyecto, esto supone que la generación de Blue Lock toma el relevo en el fútbol japonés.

Tras el partido, algunos medios señalan a Sae como “culpable” por acaparar demasiado balón.

Él se limita a decir que fue “el resultado tal cual se vio”, sin excusas ni dramatismo.

Cambio de perspectiva sobre Japón y Yoichi Isagi

Después del encuentro, Ryūsei Shidō, pese a su carácter, acaba intercambiando contactos con Sae.

Esto indica que Sae lo respeta lo suficiente como para seguir vinculado a él más allá del partido.

Más tarde, Sae se acerca por iniciativa propia a Rin.

El tono ya no es el del hermano que desprecia a su país, sino el de alguien que ha visto algo nuevo.

Admite que se equivocó al pensar que en Japón nunca nacería un verdadero delantero.

Reconoce que el jugador que ha despertado el instinto de Rin y que podría cambiar el fútbol japonés es Yoichi Isagi, a quien califica como un “egoísta” en el buen sentido.

Dice que Japón aún puede cambiar, que hay futuro en este nuevo enfoque encarnado por Isagi.

En esa frase hay tanto autocrítica como esperanza: Sae, por primera vez, ve un camino diferente para el fútbol de su país natal.

Esta afirmación enciende un nuevo sentimiento en Rin, que canaliza su rabia hacia Isagi.

A partir de ese momento, Isagi se convierte en el objetivo a superar, no solo para Rin, sino también en la visión competitiva que Sae ha ayudado a formar.

Así, Sae pasa de ser un crítico feroz del fútbol japonés a alguien que vislumbra en Blue Lock y en Isagi la posibilidad de una revolución futbolística.

Sin renunciar a su arrogancia, empieza a aceptar que tal vez Japón sí puede producir a los “idiotas” capaces de seguirle el ritmo y ver el “siguiente paisaje” junto a él.

(Ver historial de ediciones)

(Última edición: 22 de diciembre de 2025 a las 23:04)

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