Tanzaburo Tojima es el protagonista masculino de la obra de ficción Tojima Wants to Be a Kamen Rider, un hombre de 40 años, soltero y trabajador eventual, que ha dedicado toda su vida a entrenarse con la esperanza absurda y sincera de convertirse en un “Kamen Rider” real.
Tanzaburo Tojima es un fan extremo de Kamen Rider desde la infancia, especialmente del primer Kamen Rider.
A pesar de saber racionalmente que ni Kamen Rider ni la organización malvada Shocker existen en el mundo real, ha vivido como si fueran absolutamente reales.
Desde niño consumía sin descanso grabaciones de la serie original y desarrolló el deseo genuino y profundo de “ser” un Kamen Rider, no solo de imitarlo.
Su vida adulta gira en torno a ese sueño, incluso cuando la realidad lo golpea con dureza.
Nombre: Tanzaburo Tojima
Género: Masculino
Edad: 40 años
Estado civil: Soltero
Ocupación: Trabajador eventual (especialmente en obras de construcción)
Obra de origen: Tojima Wants to Be a Kamen Rider
Medio: Manga (inicio de publicación en 2018), adaptación de anime (emisión prevista en 2025)
De pequeño, Tanzaburo fue abandonado por su padre y creció en soledad.
Esta infancia dura lo empujó a aferrarse a Kamen Rider como modelo absoluto de justicia, fuerza y dignidad.
Desde su niñez se obsesionó con la serie original de Kamen Rider en vídeo, viéndola una y otra vez hasta memorizarla.
En lugar de aspirar a un futuro “normal”, decidió entrenar su cuerpo para que, algún día, Shocker lo secuestrara y lo modificara para convertirlo en un auténtico Kamen Rider.
Durante su adolescencia, su fuerza física ya destacaba: en el instituto fue capaz de vencer él solo a una decena de matones.
Más tarde, se dedicó a ganar dinero en trabajos temporales para luego retirarse una y otra vez a distintas montañas, donde seguía entrenando en solitario.
Pasó tanto tiempo aislado en la naturaleza que llegó a desarrollar una capacidad física tal que podía enfrentarse a un oso a manos desnudas y salir vivo.
Su vida social, por el contrario, quedó prácticamente inexistente.
Al llegar a los 40 años, soltero y sin familia cercana, Tanzaburo se ve forzado a mirar de frente la realidad.
Comprende que Shocker no existe, que nunca lo secuestrarán ni lo “modificarán” y que su sueño de ser Kamen Rider no se hará realidad de la manera que imaginaba.
La idea de morir solo y que su preciada colección de productos de Kamen Rider sea tirada a la basura como simple chatarra le resulta insoportable.
Esa angustia lo lleva a tomar una decisión drástica y dolorosa: vende por su propia mano los 17 cajas repletas de figuras, cintas, objetos y todo tipo de mercancía de Kamen Rider que había acumulado.
Este acto simboliza para él una renuncia a su sueño infantil y una aceptación amarga de la vida adulta.
Sin embargo, también deja un enorme vacío en su identidad, ya que Kamen Rider era el eje de su existencia.
En medio de esa depresión silenciosa, Tanzaburo mantiene una de sus pocas aficiones: recorrer ferias de verano y festivales.
En uno de esos eventos se cruza con tres delincuentes vinculados a un grupo mafioso, que cometen delitos disfrazados con máscaras de combatientes de Shocker.
Al ver a esos matones profanando la imagen de Shocker y, por extensión, la narrativa de Kamen Rider que tanto ama, algo estalla dentro de él.
Tanzaburo compra en un puesto una máscara de Kamen Rider 1 por mil yenes, se la coloca, se proclama “Kamen Rider” y se lanza a detenerlos.
Con lágrimas desbordando por la emoción, siente que por fin se ha convertido en lo que siempre quiso ser: un auténtico héroe de la justicia.
Gracias a su fuerza física descomunal, logra someter a los tres criminales con facilidad.
A partir de ese momento adopta de forma habitual la identidad de “Kamen Rider” con el simple recurso de ponerse la máscara de plástico.
Comienza a dedicarse por cuenta propia a combatir a los llamados “ladrones Shocker”, imitadores que usan la iconografía de Shocker para asaltar y causar disturbios.
Con el tiempo, sus actividades de tipo “vigilante” lo llevan a enfrentarse a criminales cada vez más organizados.
En una de estas intervenciones, descubre con horror que algunos de sus oponentes no son meros imitadores, sino auténticos combatientes de Shocker.
Le invade una mezcla de incredulidad y fascinación: aquello que siempre creyó ficticio resulta ser real en alguna forma.
La reacción natural de Tanzaburo no es huir, sino luchar con todas sus fuerzas.
A pesar de que estos combatientes están definidos como poseedores de una fuerza tres veces superior a un ser humano normal, Tanzaburo logra enfrentarse a ellos de igual a igual.
Esto marca el inicio de una nueva etapa en su vida, en la que queda envuelto en conflictos con verdaderos combatientes y monstruos de Shocker.
Tanzaburo nunca ha recibido entrenamiento formal en artes marciales.
Todo lo que sabe lo ha desarrollado de forma autodidacta a base de prueba, error y entrenamiento extremo en la montaña.
Su repertorio técnico es extremadamente limitado.
Sus movimientos “de firma” son el puñetazo directo que bautiza como “Rider Punch” y la patada voladora conocida como “Rider Kick”.
Fuera de esos dos golpes emblemáticos, su estilo se basa en ataques toscos y directos, impulsados por su enorme fuerza bruta.
Lo que lo hace peligroso no es la elegancia, sino la “pesadez” de sus golpes: cuando acierta un impacto, incluso los monstruos sufren un daño anormalmente alto.
Su guardia está llena de huecos y sus movimientos son previsibles.
Sin embargo, compensa esas debilidades con una resistencia terrorífica: puede ser derribado una y otra vez, pero se levanta de inmediato.
Su determinación y presencia en combate son tan intensas que, incluso cuando su ataque es esquivado y recibe un contraataque, el enemigo puede acabar saliendo despedido por la pura presión y energía que emana de él.
Esta combinación de aguante, fuerza y coraje lo vuelve un adversario temible pese a su técnica poco refinada.
Con el tiempo y las sucesivas batallas contra Shocker, su experiencia de combate crece de forma notable.
Llega a ser capaz de derrotar sin esfuerzo a varios combatientes de Shocker a la vez, alcanzando un nivel comparable al de personajes humanos extraordinarios del universo original de Kamen Rider, como Taki Kazuya o Tobei Tachibana.
Un rasgo curioso del personaje es el efecto psicológico y casi “místico” que tiene en él ponerse la máscara de Kamen Rider 1.
Cuando actúa sin máscara, sigue siendo fuerte, pero al ponérsela entra en un estado mental de concentración, coraje y determinación que incrementa su rendimiento físico.
Para Tanzaburo, ese acto de “ponerse la máscara” no es un simple juego de niños ni un cosplay.
Él lo vive como una transformación real: al cubrirse el rostro, deja de ser un hombre de 40 años con una vida triste y se convierte, en su mente y en sus acciones, en un héroe que protege a los demás.
Esta autopercepción es tan intensa que la obra subraya repetidamente que lo suyo “no es un juego”.
Para él, no se trata de “jugar” a ser Kamen Rider, sino de vivir por completo la responsabilidad y el sacrificio de ese ideal.
Tanzaburo es un hombre fervoroso, obstinado y emocionalmente transparente.
Su pasión por Kamen Rider es absoluta y, en muchos sentidos, sustituye la figura paterna que nunca tuvo.
Su forma de pensar es, a la vez, ingenua y extremadamente seria.
Puede parecer ridículo desde fuera que un adulto de 40 años viva para ser un héroe de una serie de televisión, pero para él es la clave de su dignidad y propósito.
Es capaz de aceptar grandes sacrificios, como renunciar a toda su colección, sin una puesta en escena dramática hacia los demás.
Sus decisiones extremas nacen de una reflexión interna dolorosa, pero sincera.
Su sentido de la justicia es directo: ve un mal, actúa; ve a alguien en peligro, interviene.
No es sofisticado en sus razonamientos morales, pero es coherente y auténtico.
La figura de su padre es fundamental para entender su carácter.
Este hombre fue, según se describe, un completo irresponsable, que formó otra familia y se desentendió de Tanzaburo.
Uno de los hijos que tuvo con otra mujer es Yumisaburo, medio hermano de Tanzaburo.
A través de él se conoce el trágico final del padre: pidió dinero prestado a una financiera ilegal controlada por el Shocker verdadero, no pudo pagar la deuda y terminó asesinado, metido en cemento y arrojado al mar.
Esta historia confirma que Shocker existe de forma literal en el mundo de Tanzaburo, aunque como organización criminal clandestina.
También refuerza el contraste entre el modelo de “padre ausente y ruin” y el ideal de “héroe protector” que Tanzaburo intenta encarnar.
Su madre, Sumiko Higashijima, no aparece descrita en detalle en el texto dado, pero el hecho de que él creciera prácticamente solo sugiere que tuvo que enfrentarse muy pronto a la dureza de la vida.
Esa soledad explicaría su intensa fijación con la idea de “justicia heroica” como refugio emocional.
En el inicio de la historia, Tanzaburo combate principalmente a imitadores de Shocker, con un tono casi cómico y desbordante de entusiasmo.
A medida que avanza la trama y se revela la existencia de Shocker real, el tono se vuelve más serio y peligroso para él.
Su curva de crecimiento no se basa en adquirir superpoderes sobrenaturales, sino en pulir sus reflejos, su resistencia y su experiencia de combate.
Cada enfrentamiento lo obliga a adaptarse y a aprovechar mejor su fuerza innata.
Pasa de ser un tipo raro con un físico descomunal y una máscara de plástico a convertirse en un verdadero pilar de resistencia frente al crimen y los monstruos.
Sin embargo, en su interior sigue siendo el mismo niño que miraba la pantalla con los ojos muy abiertos, creyendo que el mundo podía ser salvado por alguien con un traje y una moto.
Tanzaburo Tojima aparece por primera vez en el manga Tojima Wants to Be a Kamen Rider, cuyo serial comenzó en 2018.
La historia es una obra de comedia de acción con toques dramáticos, centrada en la figura de este “tío descolocado” cuyo esfuerzo apunta en una dirección muy particular.
La adaptación al anime se anuncia para 2025, lo que sitúa su año de nacimiento aproximado en 1978 en el manga y en 1985 en la versión animada.
En cualquier caso, cuando el personaje era niño sus series de Kamen Rider “en emisión real” habrían sido Kamen Rider Black o Black RX, pero el relato insiste en que él es fan a muerte de la serie original y la considera su verdadera referencia.
Esta fijación por la primera encarnación del héroe subraya su carácter nostálgico y su preferencia por los ideales más “puros” y sencillos de justicia.
Tanzaburo no busca modernizar el concepto de Kamen Rider, sino vivirlo en su forma más clásica y directa.
En la adaptación animada, la voz adulta de Tanzaburo Tojima está a cargo del actor de doblaje Konishi Katsuyuki.
Este actor ya ha participado en la franquicia de Kamen Rider, aportando la narración y las voces de diversos dispositivos y personajes secundarios en Kamen Rider Gotchard, así como la voz del Rey Oscuro en la película The Future Daybreak.
La versión infantil de Tanzaburo, en los recuerdos de su niñez, es interpretada por Sanpei Yuko.
Esta actriz es conocida por su papel de Nozomi Yumehara, también conocida como Cure Dream, en Yes! Precure 5, su secuela Yes! Precure 5 GoGo! y la serie paralela de continuación The Power of Hope: Otona Precure ’23.
La elección de estas voces refuerza el tono heroico y, al mismo tiempo, entrañable del personaje.
Ambos intérpretes aportan matices de energía, ingenuidad y fuerza emocional que encajan con la personalidad de Tanzaburo.
Se considera que el nombre “Tanzaburo Tojima” es un homenaje al actor que interpretó al primer General Negro de la franquicia original de Kamen Rider, Niwa Matazaburo, jugando con la sonoridad del apellido.
Es un guiño para los conocedores de la serie clásica.
Un rasgo recurrente en la obra es que los golpes de Tanzaburo se describen como si sonaran como cañonazos.
Esta exageración cómica resalta tanto la brutalidad de su fuerza como el tono desenfadado del manga.
Dentro del universo de fans y personajes, se le describe con frecuencia como un “tío esforzado pero desorientado”, ya que su dedicación es admirable, pero el objetivo al que dirige tanto esfuerzo resulta excéntrico.
A pesar de ello, la obra lo retrata con cariño y respeto, enfatizando la nobleza de alguien que, incluso a los 40 años, se niega a abandonar su sueño de ser un héroe.
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