Lahan es un joven funcionario civil de 19 años, heredero de la casa Lakan Kan, famoso por su talento excepcional con los números y por ver literalmente el mundo en forma de cifras, dentro del universo de "Los diarios de la boticaria".
Nombre: Lahan
Nombre japonés original: 漢羅半
Edad: 19 años
Sexo: Masculino
Ocupación: Funcionario civil encargado de finanzas del reino
Origen familiar: Rama principal del clan Lakan (casa “Lakan Kan”)
Estado civil: Soltero
Lahan es un joven de complexión pequeña, con cabello algo rizado y un aspecto en apariencia amable y tranquilo.
Lleva siempre unas gafas redondas de montura fina, que refuerzan su imagen de estudioso.
Aunque sus ojos tienen forma algo afilada, las gafas suavizan su expresión y lo hacen parecer más inofensivo de lo que en realidad es.
Las gafas no tienen graduación: son un accesorio sin aumento, usado por una razón muy concreta.
Su forma de vestir es la de un funcionario civil ordenado y pulcro, y en su cinturón lleva colgado un ábaco, símbolo directo de su oficio y de su obsesión por el cálculo.
En conjunto da la impresión de un chico inteligente, ligeramente pícaro, más calculador que frágil.
A primera vista Lahan parece un joven educado, de modales suaves y tono de voz relajado.
Sin embargo, tras esa fachada se esconde un carácter muy calculador, frío cuando se trata de intereses y cifras.
Es extremadamente racional y analiza a las personas y las situaciones en términos de “números” y “eficiencia”.
Le interesa sobre todo aquello que despierta su curiosidad intelectual; lo demás le resulta indiferente.
Tiene la costumbre verbal de repetir dos veces ciertas palabras o frases, algo así como un muletilla rítmica.
Este tic lo comparte con su hermano mayor biológico, por lo que es probable que lo haya imitado o simplemente se le haya pegado.
Es, además, un gran aficionado a la belleza física, pero no en sentido superficial solamente.
Para él, una persona ideal debe ser hermosa por fuera y por dentro, con un “contenido” que no arruine la armonía de las cifras que percibe.
Aunque se beneficia de su inteligencia y posición, también es un trabajador incansable, siempre manejando cuentas, negocios secundarios y asuntos domésticos del clan.
Aun así, no duda en aprovechar cualquier interacción para crear “deudas” simbólicas con los demás y asegurarse favores futuros.
Visión numérica del mundo
La habilidad definitoria de Lahan es su percepción extraordinaria de los números.
Para él, el mundo entero se traduce de manera natural en datos, proporciones, porcentajes y patrones numéricos.
Es capaz de:
Medir de forma instintiva variaciones en porcentajes (“el trabajo aumentará un 30 %”, etc.).
Redactar cartas y documentos ajustándose a proporciones que considera “armónicas”, como la sección áurea.
Interpretar emociones y comportamientos como valores numéricos, llegando a decir cosas como “no veo cifras de enfado en ti”.
Esta forma de percibir la realidad lo convierte en un “obseso de los números” según su entorno.
Para él, las cuentas o los libros de contabilidad son casi una obra de arte que puede ser “hermosa” o “deforme”.
Detección de irregularidades y corrupción
Lahan puede detectar desviaciones mínimas en registros contables que delatan engaños, fraudes o errores.
En el contexto del reino, ha utilizado esta habilidad para descubrir desfalcos y malversaciones dentro de la propia familia del clan Lakan.
Su concepto de “números feos” o “números no hermosos” se refiere a la presencia de elementos negativos.
En términos prácticos, esos “números feos” suelen corresponder a crímenes, falsificaciones, corrupción, degradación de la calidad o irregularidades peligrosas.
Cuando afirma que su abuelo y su madre generaban “números feos”, quiere decir que estaban implicados en actividades ilícitas o destructivas.
Esta interpretación, incomprensible para ellos, provocó que su familia lo considerara un loco, incapaz de hablar “en términos normales”.
En el palacio real, Lahan se encarga de las finanzas y la gestión económica.
Ha sido capaz incluso de intuir la verdadera identidad de Jinshi comparando medidas corporales con las del hermano del Emperor.
Relación con el ábaco y el trabajo de escritorio
Lahan recurre constantemente al ábaco que cuelga de su cinturón, lo que refuerza su imagen de “cabeza de ábaco” según Maomao y Lakan Kan.
Realiza cálculos complicados casi sin esfuerzo, y su mente funciona como una máquina de contabilidad humana.
Su relación con los libros de cuentas es casi estética: habla de cifras “bellas” cuando todo cuadra a la perfección.
Cuando encuentra discrepancias, no solo las corrige, sino que las sigue hasta destapar la raíz de la irregularidad.
Las gafas sin graduación
Las gafas de Lahan no son una necesidad visual, sino un recurso práctico para ser reconocido.
Las usa como distintivo para que Lakan Kan, quien es incapaz de recordar rostros, pueda identificarlo sin equivocarse.
Esto convierte las gafas en una herramienta funcional dentro de la dinámica familiar, no solo en un accesorio de estilo.
En cierto modo, es una muestra de la adaptación pragmática de Lahan a las peculiaridades de su entorno.
Lahan, aunque biológicamente es el segundo hijo del hermano menor de Lakan Kan, fue adoptado por este y se convirtió en heredero de la rama principal.
Dentro del clan, es el responsable de las finanzas, del manejo de las propiedades y de muchas de las inversiones que sostienen el patrimonio familiar.
Además de su trabajo en la administración del reino, coordina negocios, inversiones y proyectos agrícolas o comerciales que aseguran ingresos adicionales.
También supervisa el funcionamiento interno de la casa, organizando gastos, personal y relaciones con otras familias.
En la práctica, es el “administrador general” en la sombra, quien compensa los impulsos excéntricos de su padre adoptivo con disciplina económica.
Su posición lo obliga a ser diplomático y duro a la vez, controlando tanto a parientes despilfarradores como a enemigos internos.
Relación con Maomao (prima y hermanastra adoptiva)
Para Lahan, Maomao es prácticamente una hermana menor, aunque técnicamente es su prima y su hermanastra por adopción.
La llama “hermanita” y exige que ella lo llame “hermano mayor”, cosa que Maomao considera bastante molesta y sospechosa.
Él adopta con ella una actitud de hermano mayor entrometido y controlador, siempre intentando aconsejarla o maniobrar a su alrededor.
Maomao, por su parte, lo trata con frialdad y cierta brusquedad, como si fuera un “tipo raro que se autoproclama hermano”.
Ambos, sin embargo, se parecen más de lo que les gusta admitir: los dos son extremadamente racionales, curiosos y un tanto inhumanos en su forma de analizar el mundo.
Sus conversaciones suelen fluir con mucha naturalidad, con réplicas rápidas y una gran sincronía intelectual.
Maomao entiende bien cómo “traducir” las preguntas de otros al lenguaje numérico de Lahan.
A menudo actúa como intérprete para que terceros consigan respuestas claras de él.
Lahan, muy fan de la belleza y perfección, admira a Jinshi como un ideal de “belleza absoluta” que encaja con sus estándares.
En ausencia de Lakan Kan, ha llegado a sugerir a Maomao que acepte “aunque sea una migaja” de cariño de Jinshi, pensando en el potencial de un hijo con “números hermosos”.
Incluso ha dicho que, si naciera un niño de Maomao y Jinshi, él mismo lo criaría con gusto, argumentando que Maomao sabría sacar provecho hasta del placenta.
Este tipo de comentarios pisa de lleno los traumas familiares y personales de Maomao, y por eso ella suele responder con violencia sutil, como pisarle con fuerza los dedos de los pies.
Pese a estas meteduras de pata, Lahan considera que Maomao es una persona con la que es muy fácil tratar.
Su relación, vista desde fuera, se parece bastante a la de un hermano que disfruta molestando y una hermana que lo soporta a regañadientes.
Relación con su padre adoptivo: Lakan Kan
Lahan se refiere a Lakan Kan como “padre” en un sentido formal y respetuoso.
Tras el conflicto interno de la casa, decidió ponerse de su lado, traicionando en apariencia a su abuelo y a su madre biológica.
Gestiona la economía de la casa, las relaciones con otras familias y el día a día de la rama principal del clan.
Esto incluye reparar las consecuencias de las decisiones impulsivas, extravagantes o descuidadas de Lakan Kan.
Su padre adoptivo es un genio excéntrico, de carácter volátil y tendencias a actuar sin pensar en las repercusiones prácticas.
Lahan se ve obligado a arreglar lo que el otro deshace, tanto en términos financieros como en asuntos relacionados con Maomao.
En especial, le preocupa la tendencia desmedida de Lakan Kan a gastar en Maomao, ya que puede desestabilizar el equilibrio económico y político del clan.
Aun así, Lahan reconoce en él un talento genuino y lo considera, junto a él mismo, uno de los “tipos geniales” de la casa Lakan.
Relación con su padre biológico
Lahan llama a su padre biológico “padre” en un tono más familiar y sencillo.
A pesar de haberlo desplazado del poder al apoyar a Lakan Kan, la relación entre ambos es sorprendentemente buena.
Su padre tenía una gran capacidad para la agricultura, un talento típico de la familia Lakan.
Sin embargo, el abuelo (padre de él) lo obligó a abandonar esa vocación, imponiéndole un puesto militar y luego una carrera como burócrata mediante conexiones.
Además fue forzado a un matrimonio político con una mujer que no deseaba, todo para servir a las ambiciones de su padre y de su esposa.
La “rebelión” de Lakan Kan y Lahan lo liberó de esa vida como marioneta, lo que le generó un profundo agradecimiento.
Después de perder el poder político, el padre de Lahan se lanzó con entusiasmo a la agricultura.
Alejado de la presión de la corte, se convirtió prácticamente en un “sabio loco del campo”, dedicando su vida a cultivar y experimentar.
Es particularmente apasionado con el cultivo de batatas, hasta el punto de ignorar grandes crisis nacionales, confiando en que su hijo mayor se encargue de esos asuntos.
Para Lahan y su hermano, su padre es una especie de “ermitaño agrícola” o “campesino tan extremo que da miedo”, aunque lo quieren y lo respetan.
Relación con su hermano mayor
El hermano mayor de Lahan es un campesino profesional y un hombre relativamente “normal” dentro del clan Lakan.
Se dedica plenamente a la agricultura con un enfoque práctico, y suele ser quien ejerce de sentido común dentro de la familia.
Para él, Lahan es un ser casi incomprensible, alguien con una mente tan extraña que lo trata con cuidado, como si fuera algo frágil o potencialmente peligroso.
Además, todavía pesa sobre la relación el hecho de que Lahan se alineó con Lakan Kan y, en la práctica, traicionó el lado del abuelo y la madre.
Hay anécdotas que muestran la dinámica entre ellos, como aquella vez en que el hermano intentó arreglarle el flequillo a Lahan mientras este dormía, y terminó dejándolo casi sin pelo en la frente.
En cualquier caso, el hermano ve la obsesión de Lahan con los números como algo “anormal” y agotador.
A pesar de las fricciones, el hermano mayor es muy buena persona y a menudo acaba haciendo favores a los demás.
Lahan conoce bien ese lado bondadoso y lo “manipula” suavemente, aprovechando su buena voluntad para arrastrarlo a tareas y líos varios.
Desde fuera, parece una relación fraterna bastante sólida: Lahan lo llama “hermano” con afecto y se preocupa genuinamente por él.
Incluso ha considerado presentarle mujeres de buen carácter, convencido de que su hermano merece más que una vida llena de sacrificios.
Lahan también observa que su hermano tiene una resistencia física excepcional, con una capacidad de esfuerzo que parece no degradarse con el tiempo.
Desde su perspectiva numérica, esto es inquietante: es un “valor que no se desgasta donde debería”, lo que lo lleva a decir que su hermano también es “anormal”, solo que en otra dirección.
Relación con su abuelo y su madre
La relación de Lahan con su abuelo y su madre biológica está prácticamente rota.
Para él, ambos encarnan una mentalidad obsoleta, autoritaria y peligrosa para el futuro del clan.
Su abuelo se sigue viendo a sí mismo como jefe del clan, a pesar de haber perdido el poder real.
No ha renunciado a la idea de recuperar el control y sigue conspirando desde la sombra.
La madre de Lahan es aún más problemática en cuanto a carácter.
Ve a su esposo y a sus hijos como piezas en un tablero, instrumentos para aumentar su propio estatus y poder.
Desprecia profundamente los trabajos “bajos” como la agricultura o la contabilidad, considerándolos tareas de gente común.
Cree firmemente que, por ser de una familia noble, todos deben aspirar a puestos de alto rango, sin “rebajarse” a oficios que ella considera indignos.
Lahan la describe como orgullosa en exceso, incapaz de actualizar su mentalidad y con un enfoque muy estrecho y cruel en lo que respecta al valor de las personas.
Sin embargo, reconoce que tenía un buen ojo para el valor de los objetos: muchas de las cosas que ella compró pudieron venderse después por más de lo que costaron.
Él llega a pensar que, si su madre hubiera tenido un carácter menos altivo y se hubiera casado con un comerciante, habría sido una gran figura en el mundo del comercio.
Pero en el entorno de la nobleza del clan Lakan, sus rasgos se volvieron destructivos para la familia.
Desde la perspectiva de Lahan, tanto su abuelo como su madre fueron quienes pusieron en peligro al clan al dejarse seducir por alianzas oscuras y negocios ilegales.
Por eso, considera su “traición” más un acto de supervivencia y justicia que una deslealtad hacia la familia.
Lahan, con 19 años, no tiene prisa por casarse y, de hecho, prefiere mantener su libertad.
Suele relacionarse con mujeres mayores, especialmente viudas, porque estos vínculos tienden a ser más discretos y sin ataduras a largo plazo.
Es un devoto de la belleza, pero exige también coherencia interna y carácter en la persona que le atrae.
Solo le interesa alguien que posea tanto “números hermosos” en apariencia como en esencia.
Paradójicamente, su mentalidad meritocrática lo hace atractivo para mujeres que buscan independencia y reconocimiento por su capacidad.
En la historia se ven claramente dos mujeres que se sienten atraídas por él de una forma u otra: Yao y la mujer apodada “Tercera”.
Yao
Yao es una joven de familia noble que se convierte en compañera y amiga de Maomao como dama al servicio de los médicos del palacio.
Abandona la seguridad de su casa para escapar de un matrimonio concertado impuesto por su tío, llevando consigo a su antigua sirvienta Yanyan.
Cuando el alojamiento del personal se llena, Yao se queda temporalmente como huésped en la casa de Lakan Kan, donde entra en contacto frecuente con Lahan.
Él la trata con cortesía, pero sin idealizarla por su origen noble, lo que llama la atención de Yao.
Lahan le explica con sinceridad la dureza de la vida de una mujer que desea trabajar y valerse por sí misma.
Le expone las limitaciones y sacrificios que implica, pero al mismo tiempo la anima a seguir aquello que realmente quiere hacer.
Ese enfoque, que valora su voluntad y capacidad en lugar de su linaje y apariencia, hace que Yao desarrolle sentimientos hacia él.
Más tarde, ella misma se da cuenta de que quiere ser reconocida por Lahan como una adulta competente y “de su nivel”.
“Tercera”
“Tercera” es una joven de la misma edad que Lahan y una de sus subordinadas más fieles.
Procede de una familia de comerciantes y buscó escapar de un matrimonio arreglado presentándose directamente ante Lakan Kan.
Al ver su potencial, Lakan Kan la incorporó al servicio del clan Lakan.
Con el tiempo, se convirtió en una pieza clave en la maquinaria administrativa que sostiene a Lahan.
“Tercera” admira profundamente a Lahan, y su afecto raya en lo devocional.
Aprecia incluso sus lados menos agradables, como su frialdad calculadora y su tendencia a utilizar a los demás como recursos.
Cuando Lahan necesita desplazarse en carruaje, ella prefiere ser ella misma la cochera, antes que delegar esa tarea en otro.
Es muy consciente de que, como subordinada y mujer de origen no noble, difícilmente podrá ser su esposa oficial.
Aun así, le basta con estar a su lado como brazo derecho y, si se diera el caso, no tendría reparos en ser “la segunda” en la vida afectiva de Lahan.
Su rivalidad con Yao es silenciosa, expresada en comentarios sutilmente venenosos y gestos de tensión contenida.
Yao, que no es ingenua, percibe perfectamente esa hostilidad disfrazada de formalidad.
Responde con educación, pero también con firmeza, defendiendo su espacio y dignidad.
Lahan nota el choque de chispas entre ambas mujeres, pero elige fingir que no se da cuenta.
Es probable que, de manera muy consciente, prefiera no intervenir mientras esa tensión no perjudique su trabajo… ni sus “números”.
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