Hōko es uno de los últimos supervivientes de los habitantes de la isla en Jigokuraku, un antiguo humano transformado en una criatura de madera que conserva una personalidad amable y protectora.
Hōko tiene un carácter tranquilo y apacible.
No actúa movido ni por la agresividad ni por el odio, a pesar de su apariencia monstruosa.
No siente ni hostilidad ni afecto particular hacia el grupo de Gabimaru.
Sin embargo, los observa con compasión, creyendo que probablemente serán asesinados por los seres celestiales de la isla.
Su actitud es principalmente empática.
Muestra preocupación sincera por los demás, en especial por los más vulnerables, como Mei.
Hōko fue originalmente un humano, uno de los habitantes de la misteriosa isla donde se desarrolla Jigokuraku.
Con el tiempo, su cuerpo se transformó en una especie de ser de madera, con un aspecto que recuerda a un monstruo arbóreo.
A pesar de su nueva forma, mantiene su memoria, su humanidad y su capacidad de razonar y sentir afecto.
Es considerado el último superviviente típico de la población original de la isla, lo que le otorga un aire melancólico y solitario.
Cuando se cruza con Gabimaru y su grupo, Hōko no se posiciona como aliado firme ni como enemigo.
Sabe que los visitantes de la isla están en gran peligro y piensa que acabarán muriendo a manos de los seres celestiales.
Movido por la lástima y por una cierta simpatía silenciosa, decide ayudarlos de manera práctica.
Les ofrece comida, lugares donde descansar y también información útil sobre la isla.
Su ayuda tiene una condición muy clara: que no hagan daño a Mei.
Mientras se respete este límite, Hōko se muestra cooperativo y accesible.
Uno de los aspectos más emotivos de Hōko es su vínculo con Mei.
Él la protege como si fuera su propia hija.
Tiempo atrás, su verdadera hija se vio afectada por un proceso de “arborificación”, transformándose en un ser de madera desde muy pequeña.
Mei tiene aproximadamente la misma edad que tenía su hija cuando esto ocurrió, lo que despierta en Hōko un fuerte instinto paternal.
Mei llega a verlo como una figura paterna y confía profundamente en él.
Hōko, por su parte, la cuida con ternura y firmeza, intentando darle un entorno seguro en una isla extremadamente peligrosa.
Hōko funciona como una fuente de información y guía para los protagonistas dentro de la isla.
Gracias a su experiencia como antiguo habitante, puede explicar el entorno y advertir de ciertos peligros.
También encarna el lado trágico de la isla: un ser deformado por fuerzas sobrenaturales que, pese a todo, se aferra a su humanidad.
Su existencia añade matices de melancolía, compasión y paternidad a la aventura brutal y violenta de Jigokuraku.
💬 Discusión de la comunidad
Habla de este anime con personas a las que de verdad les importa.