Mei es una de las tianxian creadas por Xu Fu, un ser inmortal asociado al elemento qi de “agua” dentro del universo de Jigokuraku.
Aunque suele presentarse con apariencia de niña pequeña, en realidad es una entidad antigua y poderosa marcada por un pasado trágico.
Mei pertenece al grupo de los tianxian, seres inmortales generados por Xu Fu mediante métodos alquímicos y espirituales.
Su qi se asocia específicamente al elemento agua, lo que influye en su energía vital y en la forma en que interactúa con el entorno de la isla.
A diferencia de otros tianxian, Mei muestra una sensibilidad moral inusual y cuestiona los métodos crueles utilizados para crear el elixir de la inmortalidad.
Esto la pone en conflicto directo con otros inmortales, en especial con Lian, quien dirige parte del proceso de fabricación del elixir.
En el pasado, Mei presenció cómo Lian sacrificaba a Hōko y a otros seres similares (los llamados “hombres de madera”) para producir el elixir inmortal, conocido como dan.
Indignada por estos experimentos inhumanos, lo reprendió y trató de detenerlo.
Como consecuencia de su oposición, Mei fue duramente castigada.
La sanción le hizo perder gran parte de su poder original, dejándola considerablemente debilitada frente a otros tianxian.
Además del castigo formal, Mei fue forzada a servir como objeto de prácticas sexuales rituales para varios taoístas que seguían técnicas de “cultivo dual”.
Este trato degradante la llevó al límite y finalmente decidió escapar del lugar donde estaba retenida.
Tras su fuga, Mei deambuló por la isla en un estado vulnerable, tanto física como emocionalmente.
En ese momento crucial fue encontrada y recogida por Hōko, uno de los seres de madera que ella había intentado proteger en el pasado.
Hōko la acogió y la cuidó como a una hija, dándole un hogar y una familia dentro del extraño entorno de la isla.
Gracias a él, Mei consiguió cierta estabilidad y una oportunidad para recuperarse, aunque sus poderes ya no eran los de antaño.
En la vida cotidiana, Mei adopta la forma de una niña pequeña, con un cuerpo frágil y una apariencia inocente.
Su rasgo visual más llamativo es su cabello de color rosa, que la hace destacar entre humanos y tianxian.
Sin embargo, su apariencia no es fija.
Cuando consume o utiliza activamente su “Tao” (su energía espiritual y vital), su cuerpo comienza a transformarse y vuelve poco a poco a una forma más cercana a la de una mujer adulta.
Esta transformación tiene un precio.
Si lleva este proceso demasiado lejos, su cuerpo llega a un punto extremo en el que comienza a “arborizarse”, es decir, a transformarse en madera, reflejando su conexión con la naturaleza de la isla y su condición de tianxian incompleta.
En un momento de la historia, Mei se acerca para observar a Gabimaru y a sus compañeros, movida por la curiosidad y por su interés en los recién llegados a la isla.
Sin embargo, su presencia es percibida como una amenaza y acaba siendo capturada.
Tras este primer conflicto, Mei logra llegar a un entendimiento con ellos y se produce una reconciliación.
A partir de entonces, desempeña un papel clave como guía, compartiendo información sobre la isla, sus reglas ocultas y el funcionamiento del qi.
Gracias a Mei, Gabimaru y los demás obtienen conocimientos valiosos sobre los peligros del lugar y sobre la naturaleza real de los tianxian y del elixir.
Ella se convierte así en un puente entre los humanos y el misterioso mundo de la isla inmortal.
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