Saichi Sugimoto es el protagonista masculino de la obra Golden Kamuy, un exsoldado del Ejército Imperial Japonés famoso por su resistencia inhumana en la guerra ruso-japonesa, donde ganó el apodo de “Sugimoto el Inmortal”.
Nombre completo: Saichi Sugimoto
Género: Masculino
Apodo principal: “Sugimoto el Inmortal”
Lugar de nacimiento: Prefectura de Kanagawa, Japón (zona rural)
Fecha de nacimiento: 1 de marzo
Edad: Veintitantos años (inicios de la veintena)
Profesión pasada: Soldado del Ejército Imperial Japonés, Primera División, unidad especial de apoyo (batallón de bandas blancas)
Rango militar anterior: Soldado de primera clase
Voz (anime): Kobayashi Chikahiro
Actor (acción real): Kento Yamazaki
Comida favorita: Kakis secos; cerebro de animales salvajes con sal
Comida que detesta: Langostas de campo guisadas en salsa dulce (tsukudani)
Frase característica: «¡Yo soy Sugimoto el Inmortal!»
Sugimoto es un joven de poco más de veinte años, de complexión fuerte y atlética, con el cuerpo entero cubierto de cicatrices de guerra.
En el rostro destaca una enorme cicatriz que lo cruza verticalmente y horizontalmente, dando una impresión amenazante pese a sus rasgos finos.
Antes de ir al frente tenía el cabello liso, pero tras su regreso del servicio militar su pelo se volvió ligeramente ondulado.
Su mirada suele ser serena, aunque en combate adquiere una intensidad casi aterradora.
Viste casi siempre con la gorra militar del Ejército Imperial, un abrigo sencillo y una bufanda.
Esa gorra se ha convertido en su sello personal, tanto que ni siquiera se la quita al bañarse o al estar hospitalizado, salvo cuando siente que la ocasión exige un gesto de respeto.
La bufanda aparece con ligeras variaciones de color según la versión: en el manga y la película de acción real es beige con líneas marrón oscuro, mientras que en el anime es amarilla con líneas rojas.
Además, lleva cartucheras, equipo de campaña y una navaja tipo Higonokami, restos de su vida como soldado.
Pese a las cicatrices, varios personajes comentan que su rostro “tiene clase” y que “se ve que podría gustar mucho”.
En un encuentro concertado donde actuó como doble de otra persona, enamoró sin querer a una joven de gustos muy exigentes en cuanto a aspecto físico.
En la vida cotidiana, Saichi es cordial, respetuoso y con bastante sentido del humor.
Tiene un aire campechano y accesible, se preocupa por los demás y suele ser especialmente amable con niños y ancianos.
Es muy curioso, algo ingenuo por momentos, y se emociona con facilidad ante cosas “monas” o reconfortantes, mostrando un lado sorprendentemente tierno.
Aunque es un veterano de guerra endurecido, a veces parece más “romántico” o sensible que la propia heroína, Asirpa.
Detesta profundamente la discriminación y la persecución social.
Esto se debe a que en su pueblo natal él y su familia fueron marginados cuando se extendió la tuberculosis, lo que dejó una huella muy amarga en su visión del mundo.
Por contraste, respeta mucho las convicciones individuales y la voluntad de vivir de cada persona, incluso si se trata de criminales o excéntricos.
Se acerca al pueblo y la cultura ainu con gran interés y sin prejuicios, aceptando su gastronomía y sus costumbres, aunque al principio lo hagan dudar.
Tiene una ética muy particular: no es un asesino por placer, pero ha aprendido en la guerra que “si me van a matar, entonces mato yo primero”.
Cuando identifica a alguien como enemigo o como una amenaza para Asirpa, su actitud cambia de inmediato y se convierte en una máquina de matar fría y eficiente.
Esa dualidad hace que incluso compañeros como Yoshitake Shiraishi lo consideren “el más aterrador de todos”.
Al mismo tiempo, carga con el peso moral de sus actos: recuerda los rostros de aquellos a los que ha matado, sobre todo si lo hizo de cerca, y considera esta memoria su forma de expiación.
En el fondo, Saichi siente que “su corazón sigue en el campo de batalla”.
Sabe que se ha roto a sí mismo para poder sobrevivir, y lucha internamente entre el guerrero implacable y el joven que quiere vivir sin dañar a los demás.
Relación con Asirpa
Saichi siempre se refiere a ella con respeto como “Asirpa-san” en su idioma original.
La considera su compañera y guía en la supervivencia, y admira sinceramente su conocimiento de la naturaleza y de la cultura ainu.
Con el tiempo, su vínculo supera lo meramente práctico de la búsqueda del oro.
Empieza a preocuparse de verdad por el futuro de Asirpa, intentando protegerla tanto de los peligros físicos como de las cargas morales ligadas al oro y a la memoria de su padre.
Valora sus opiniones, aprende de ella y acepta honestamente cuando no entiende algo.
En la convivencia diaria, comparten comidas, bromas y momentos de aprendizaje cultural que refuerzan su relación.
Familia y pasado
Saichi nació en una aldea agrícola de Kanagawa.
Toda su familia, excepto él, murió de tuberculosis, y el miedo al contagio hizo que el pueblo los rechazara.
Para evitar que la enfermedad se extendiera, él mismo incendió la casa familiar ya deshabitada.
Luego huyó del pueblo, dejando atrás su pasado y convirtiéndose en un hombre completamente solo.
Vivió un tiempo con su padre, que se encontraba en el lecho de muerte por la tuberculosis.
Fue en esos días cuando empezó a repetirse “¡Yo soy Sugimoto el Inmortal!” para darse ánimos, una frase que luego se convertiría en su grito de guerra.
Antes de marcharse, había una relación de amor mutuo con su amiga de la infancia, Umeko.
Sin embargo, al regresar años después, descubrió que ella se había casado con su mejor amigo, Toraji, lo que terminó de cortar sus lazos con la vida anterior.
La tragedia se amplía cuando Toraji muere en la batalla de Mukden.
Antes de morir, le pide a Saichi que se asegure de que Umeko, que padece una enfermedad ocular, reciba tratamiento médico.
Ese último deseo se convierte en el motor principal de Saichi.
Su objetivo al buscar el oro ainu es conseguir rápidamente el dinero necesario para llevar a Umeko a Estados Unidos y curar su enfermedad.
Amigos, aliados y conocidos
En Tokio, Saichi conoce a Mokutarō Kikuta, entonces sargento de la Primera División.
Kikuta lo recluta para un plan absurdo pero decisivo: hacerse pasar por el joven oficial Yūsaku Hanazawa en una cita arreglada, con el objetivo de sabotear el compromiso.
Kikuta comenta que el rostro de Saichi “tiene clase” y le toma el apodo de “Nora-bō”, algo así como “chico vagabundo”.
Antes de separarse, le entrega la gorra militar que perteneció a su hermano, pieza que se volverá el emblema visual de Saichi.
Durante la guerra y sus aventuras posteriores, cruza caminos sin darse cuenta con varios futuros miembros de la Séptima División, como Genjirō Tanigaki y el propio Tokushirō Tsurumi.
Sin embargo, en aquel momento ninguno reconoce al otro por lo que llegará a ser en el futuro.
En la campaña de búsqueda del oro, Saichi colabora y se enfrenta a múltiples personajes singulares.
Entre ellos están asesinos como Kazuo Henmi, con quien llega a compartir una extraña comprensión, y luchadores formidables como Tatsuuma Ushiyama, que lo reconoce como uno de los hombres más fuertes que ha conocido.
Su olor, impregnado de sangre y violencia acumuladas, es mencionado por Henmi como “el mismo olor que yo, el de un asesino”.
Incluso Umeko, casi ciega, no llega a reconocerlo por su aspecto, pero sí percibe ese olor y se siente rechazada de forma instintiva.
Vida errante antes de la guerra
Entre 1899 y 1901, Saichi vagó por las regiones de Tokai y Kansai, sobreviviendo como pudo lejos de su pueblo natal.
Al cabo de un tiempo regresó a Kanagawa, solo para descubrir la boda de Umeko con Toraji.
Con el corazón roto y sin un lugar al que pertenecer, decidió dirigirse a Tokio.
Allí conoció a Mokutarō Kikuta y participó en el plan de sabotear la cita de Yūsaku Hanazawa, actuando como su doble.
Tras aquella experiencia, Kikuta le sugirió alistarse en el Ejército para no pasar hambre.
Saichi se enroló en la Primera División del Ejército Imperial Japonés, comenzando así el camino que lo convertiría en “el Inmortal”.
Participación en la guerra ruso-japonesa
Durante el asedio de Port Arthur, Saichi formó parte del batallón de bandas blancas, una unidad de asalto nocturno prácticamente suicida.
También luchó con ferocidad en la colina 203, uno de los combates más sangrientos de la guerra.
En la batalla de Mukden, la última gran confrontación de la guerra ruso-japonesa, una gran cantidad de soldados perdió la vida.
En ese infierno, Saichi logró sobrevivir y destacó por una serie de acciones casi imposibles, salvando su vida mientras otros caían a su alrededor.
Sus heridas eran tan graves que en circunstancias normales deberían haber sido mortales.
Sin embargo, su resistencia física y una fortuna casi sobrenatural le permitieron recuperarse una y otra vez.
Por estas hazañas ganó el sobrenombre de “Sugimoto el Inmortal”, respetado incluso por unidades de élite como la Séptima División.
Su cuerpo quedó cubierto de cicatrices, marca permanente de haber cruzado repetidas veces la frontera de la muerte.
A pesar de sus méritos, Saichi perdió el derecho a pensión militar.
Golpeó brutalmente a un superior que le desagradaba, dejándolo al borde de la muerte, y fue sancionado quitándole la posibilidad de recibir la pensión y el reconocimiento formal que habría acompañado sus condecoraciones.
Él mismo comenta que, de no haber provocado ese incidente, habría recibido una condecoración, probablemente la Orden del Milano Dorado en su grado más bajo.
Esa condecoración incluía una pensión anual equivalente a una suma suficiente para haber pagado la operación de Umeko en un par de años, lo que habría evitado su peligrosa aventura en Hokkaido.
Desmovilización y viaje a Hokkaido
Tras cumplir su periodo de servicio, Saichi fue desmovilizado sin pensión ni recompensa adecuada.
Con el recuerdo del último deseo de Toraji y la situación de Umeko, necesitaba dinero urgente.
Decidió viajar solo a Hokkaido para dedicarse al lavado de oro en los ríos.
Pensaba lograr un golpe de suerte que le permitiese reunir de golpe una gran suma.
En ese contexto escucha un rumor sobre un enorme tesoro en oro robado a los ainu.
Al principio lo considera un cuento de taberna, pero poco a poco va encontrando indicios que sugieren que la historia podría ser verdadera.
La confirmación llega cuando encuentra pruebas directas de la existencia del oro.
Justo entonces, es atacado por un enorme oso pardo, y su vida se salva gracias a la aparición de una joven ainu: Asirpa.
Aventura en busca del oro ainu
Asirpa le cuenta la historia del oro robado y la tragedia que sufrió su padre, implicado en aquellos hechos.
Aunque sus motivos son distintos, Saichi y Asirpa comparten la ruta: encontrar el oro ainu, descifrando los tatuajes en la piel de los convictos fugados de la prisión de Abashiri.
A partir de ese momento comienza su viaje conjunto por Hokkaido.
En el camino se enfrentan a la persecución de la Séptima División dirigida por Tokushirō Tsurumi, a otros buscadores del oro, a criminales y a los peligros de la naturaleza salvaje.
Durante la travesía, Saichi prueba todo tipo de platos ainu y japoneses del norte, a menudo con cierta resistencia al principio.
Termina aceptando e incluso disfrutando muchas de esas comidas, aunque cuando come cerebro con sal se le “mueren los ojos” de impresión.
A veces reacciona con gritos extraños ante ingredientes poco habituales.
Con el tiempo, sin embargo, se familiariza tanto con la gastronomía ainu que se vuelve muy hablador cuando se trata de explicar y comentar esas comidas.
Saichi posee una capacidad de combate tan alta que resulta casi sobrehumana.
En varias ocasiones es capaz de enfrentarse a grupos equivalentes a una escuadra completa él solo, imponiéndose mediante fuerza, técnica y pura determinación.
Su estilo favorece el combate cercano.
Aunque va armado con el fusil de infantería Tipo 30, la pistola Tipo 26 y la bayoneta reglamentaria del Ejército, se siente mucho más cómodo en la lucha cuerpo a cuerpo.
Él mismo es consciente de que no tiene buena puntería.
Asirpa lo señala abiertamente como “malo con el fusil”, y Saichi no lo desmiente; incluso ha llegado a dañar un arma por dispararla con la recámara llena de agua, lo que le valió un comentario sarcástico de Hyakunosuke Ogata sobre qué aprendió realmente en el ejército.
Por eso suele usar la bayoneta o el propio fusil como arma contundente, lanzando ataques frontales extremadamente arriesgados.
También es hábil arrebatando cuchillos o armas a sus enemigos para usarlas en su contra, aprovechando su coraje y fuerza bruta.
El judoca de élite Tatsuuma Ushiyama lo considera uno de los hombres más fuertes que ha enfrentado.
Cuando Saichi se decide a atacar, no muestra compasión alguna y persigue a su objetivo sin descanso, aunque haya recibido heridas graves.
Su rasgo más llamativo es la resistencia física y capacidad de recuperación casi milagrosa.
Se ha levantado al día siguiente de heridas de las que un soldado normal no podría sobrevivir, e incluso después de que una parte de su cráneo y cerebro quedara destrozada por un disparo.
Durante el asalto a la prisión de Abashiri, Saichi logra contactar con el misterioso “Noppera-bo”, que resulta ser el padre de Asirpa, llamado Wilk.
Antes de que pueda obtener información completa sobre el oro, ambos son alcanzados por un disparo de francotirador.
Saichi se salva usando el cuerpo de Wilk como escudo.
Aun así, recibe el impacto en la zona de la sien izquierda y parte de su cerebro queda expuesta.
Kano Ienaga, un peculiar médico, lo opera y le salva la vida, aunque no sin probar un pedazo de cerebro durante la cirugía.
Tras la operación, Saichi lleva una protección en la parte izquierda de la cabeza y, encima de ella, su inseparable gorra militar; también usa un refuerzo en la pierna izquierda por una herida de escopeta de perdigones escondida en la pierna de Kōhei Nikaidō.
Su recuperación de este daño cerebral es rapidísima, volviendo a la acción en menos de un mes.
Todo ello refuerza la idea de que, por muy mortal que parezca la herida, Saichi siempre vuelve a levantarse.
Saichi aprendió en el frente que la manera de sobrevivir era eliminar la amenaza antes de que lo eliminaran a él.
De ahí su frase y actitud de “si me van a matar, primero mato yo”.
Sin embargo, no se considera a sí mismo un “loco asesino”.
Hace una diferenciación mental entre “gente mala” y “gente buena”, convenciéndose de que los malvados tienen el corazón “incompleto” y por eso no sufrirán tanto al morir.
Esta especie de autoengaño le permite deshumanizar al enemigo durante el combate.
Él mismo admite que se ha convertido en “otra persona” para poder luchar sin caer en la locura.
Por otro lado, conserva un sentido muy agudo de la responsabilidad por las vidas que ha tomado.
Cuando Kazuo Henmi le pregunta si recuerda a quienes ha matado, Saichi responde que jamás olvida el rostro de aquellos a los que ha quitado la vida de cerca, y que mantener esa memoria es su forma de penitencia.
A veces, escenas aparentemente simples lo confrontan con su propio trauma.
Por ejemplo, al ver a un ciervo al que casi mata luchar desesperadamente por seguir vivo, se ve reflejado en ese esfuerzo por sobrevivir y entra en pánico.
Tiene también episodios en los que los recuerdos del campo de batalla vuelven de golpe.
Confiesa que no ha logrado volver a ser “el verdadero Saichi” desde que terminó la guerra.
Sin su familia, sin su pueblo y con Umeko ya casada, siente que no tiene un “hogar” al que regresar.
Esta falta de un lugar al que pertenecer alimenta su sensación de ser un hombre permanentemente anclado a la guerra.
A Saichi le encantan los kakis secos, un sabor de su tierra natal.
Como en Hokkaido no se cultivan kakis, sólo podría volver a saborearlos si sobrevive a su aventura y regresa al sur.
Con el tiempo también toma gusto por el cerebro de animales salvajes con sal, aunque su expresión al comerlo deja claro que no le resulta fácil.
Su lengua es sensible al calor, es decir, tiene “lengua de gato”, por lo que no tolera bien los alimentos demasiado calientes.
Al inicio, las propuestas culinarias de Asirpa lo dejan bastante desconcertado.
Reacciona con exclamaciones exageradas ante ojos de conejo, carne de nutria cazada con flecha envenenada que no se puede comer cruda, y otros platos poco comunes para él.
No obstante, su curiosidad casi siempre termina venciendo y prueba de todo.
Llega a familiarizarse tanto con la cocina ainu que, en las escenas de comida, se vuelve muy expresivo y hablador, explicando sabores y texturas.
Comparte con Asirpa su ración de miso, lo que provoca una confusión cómica porque la palabra que ella utiliza para referirse al miso le suena indecorosa.
Estos momentos de humor culinario suavizan la dureza de la trama y muestran un lado cotidiano de Saichi.
El creador de Golden Kamuy, Satoru Noda, se inspiró en su propio bisabuelo para diseñar a Saichi Sugimoto.
Este bisabuelo, de nombre real similar, sirvió en la Séptima División, en el 27.º Regimiento de Infantería montada, y participó en la guerra ruso-japonesa.
Se sabe que el bisabuelo recibió la Orden del Milano Dorado, como se sugiere que podría haber ocurrido también con Saichi si no hubiera cometido la agresión contra su superior.
El estilo de combate de Saichi y su capacidad para sobrevivir a heridas imposibles recuerdan también a figuras reales como Hiroshi Funasaka, un soldado conocido por su talento en artes marciales y su capacidad de recuperación extraordinaria.
En la versión de acción real de Golden Kamuy, Saichi es interpretado por Kento Yamazaki.
Para el papel, el actor ganó aproximadamente 10 kilos de masa y recibió entrenamiento en artes marciales y combate militar, lo que disipó las dudas iniciales de los fans y terminó recibiendo elogios por su interpretación.
En una escena de baño público en la película, Yamazaki muestra la musculatura trabajada para el papel.
El autor original llegó a describir su físico en esa escena como un “cuerpo descaradamente sensual y mojado”, subrayando el esfuerzo físico que hubo detrás de la caracterización de Saichi.
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