Susamaru es un demonio femenino del manga y anime Kimetsu no Yaiba, subordinada directa de Muzan Kibutsuji, que utiliza un arte demoníaco basado en balones tradicionales y que ataca a Tanjiro Kamado y Tamayo en el distrito de Asakusa.
Susamaru es una joven demonio con peinado de melena recta corta y aspecto de niña, que habla con un tono anticuado y se comporta de forma caprichosa e infantil.
Se presenta como miembro de los Doce Demonios de la Luna, pero en realidad Muzan solo la engañó con esa idea y Tamayo afirma que es demasiado débil comparada con los verdaderos miembros.
Suele reírse de forma estridente y disfruta abiertamente de la destrucción y el asesinato que provoca con sus balones.
Aunque parece una niña juguetona, su carácter es cruel y sádico, y encuentra placer en “jugar” con las vidas humanas.
Su pronombre habitual es “yo”, aunque ocasionalmente usa uno que suena más rudo y viejo, lo que refuerza su aire arcaico.
Su frase representativa es: «Sigamos jugando hasta que amanezca, hasta que la vida se agote».
Su voz en la adaptación animada la interpreta la actriz de voz Mikako Komatsu.
Susamaru ama los juegos, en especial jugar con su balón, y ve los combates como entretenimiento.
Se entusiasma con la idea de “jugar” hasta el amanecer o hasta matar a su oponente, sin mostrar remordimiento.
Su risa y su forma de hablar la hacen parecer inocente, pero es una asesina despiadada que disfruta probando la resistencia de sus víctimas.
No obstante, en el fondo se intuye que, cuando era humana, probablemente solo fuera una niña a la que le gustaba el juego del balón.
Muestra una devoción ciega hacia Muzan Kibutsuji, al que llama respetuosamente “señor Kibutsuji”, usando su apellido.
Cuando cree haber ofendido a Muzan, entra en pánico, llora y suplica perdón, revelando un miedo absoluto hacia él.
Ataque en Asakusa
Por orden directa de Muzan Kibutsuji, Susamaru es enviada a Asakusa junto con Yahaba para decapitar a Tanjiro Kamado.
Siguen el rastro de Tanjiro hasta la casa de Tamayo, donde se desata un combate en espacios cerrados que pone en peligro a todos.
El dúo demuestra una gran coordinación: Susamaru lanza múltiples balones con fuerza descomunal mientras Yahaba manipula sus vectores de movimiento.
Gracias a esto, los ataques se vuelven impredecibles, cambiando de dirección a mitad de trayecto y sorprendiendo a Tanjiro y Nezuko Kamado.
A pesar de la ferocidad de Susamaru, Tanjiro consigue adaptarse a la combinación de técnicas.
Finalmente, Yahaba es decapitado por Tanjiro gracias a una variación de la técnica del “carrusel de agua”.
Con Yahaba eliminado, Susamaru queda sola, pero sigue luchando con fiereza, incrementando el número de brazos y balones que utiliza.
En ese momento, Tamayo decide intervenir con su propio arte demoníaco para cambiar el curso de la batalla.
Activación de la maldición de Muzan
Tamayo emplea su técnica “Fragancia de la Verdad a Pleno Día”, un arte demoníaco que funciona como un suero de la verdad.
Esta técnica reduce las defensas mentales de quienes están a su alcance, obligándolos a decir lo que realmente piensan.
Tamayo provoca a Susamaru, insultando abiertamente a Muzan Kibutsuji y llamándolo cobarde.
Susamaru, enfurecida y sin poder contenerse por la técnica de Tamayo, responde exaltada defendiendo a su amo.
En su arrebato, Susamaru pronuncia el nombre completo: «Kibutsuji Muzan», lo que activa una maldición implantada por el propio Muzan en sus subordinados.
Al quebrantar la prohibición de mencionar su nombre, la maldición se manifiesta de manera brutal dentro de su cuerpo.
Gigantescas manos emergen desde su boca y su abdomen, aplastando su cuerpo desde dentro.
Aun mientras es destrozada, Susamaru, con lágrimas en los ojos, suplica: «¡Perdóneme!» a Muzan, pero no obtiene ninguna misericordia.
Su cuerpo queda reducido a una masa destrozada, como carne picada.
Incluso en esos últimos instantes, sus restos buscan el balón con el que tanto le gustaba jugar.
Últimos momentos
Tras la activación de la maldición, el arte demoníaco de Susamaru deja de mantener sus balones artificiales.
Sin embargo, uno de sus balones, el original que poseía antes de ser demonio, permanece.
Tanjiro Kamado, conmovido, coloca el balón junto a los restos de Susamaru.
Ella, con una voz casi infantil y apagada, apenas puede articular unas últimas palabras que equivalen a “juguemos…”.
Mientras el amanece
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