Kiroranke es un personaje ficticio del manga y anime Golden Kamuy, un hombre de origen mixto tártaro y ainu de la región del río Amur, ex zapador del Séptimo Regimiento de División de Infantería del Ejército Imperial Japonés, revolucionario clandestino y antiguo compañero de armas del padre de Asirpa, Wilk.
Nombre: Kiroranke
Nombre real: Yulbars (Юлбарс)
Significado del nombre Kiroranke: En idioma ainu, “kilo” = fuerte, “ranke” = parte inferior del cuerpo; es decir, “parte inferior del cuerpo fuerte” o “con un tren inferior poderoso”.
Significado de Yulbars: En tártaro, “tigre”.
Género: Masculino
Fecha de nacimiento: 2 de agosto
Origen: Región del río Amur, extremo oriente ruso
Etnia: Tártaro con ascendencia ainu de Sajalín (bisabuela ainu de Sajalín)
Lugar de residencia (en la historia): Cotan ainu cerca de Otaru, en Hokkaidō
Ocupaciones destacadas:
Ex zapador del Séptimo Regimiento de División de Infantería del Ejército Imperial Japonés
Partisano revolucionario en el extremo oriente ruso
Antiguo terrorista implicado en el asesinato del zar Alejandro II
Estado civil: Casado
Familia: Esposa de complexión robusta y dos hijos pequeños
Alimentos que le gustan: Prefiere el pescado a la carne, especialmente el pescado de río
Alimentos que no le gustan: Rechaza absolutamente la carne de caballo
Aficiones y rasgos personales: Gran amante de los caballos, hábil jinete, experto en explosivos y armas improvisadas
Kiroranke es descrito como un hombre atractivo, de barba espesa y muy oscura, con un peinado característico de los ainu de Sajalín: cabello corto desde la frente hasta la coronilla y alrededor de las orejas, con el cabello más largo en la parte posterior de la cabeza.
Su barba es tan notable que, incluso si se afeita, vuelve a crecer con rapidez, convirtiéndose en una especie de marca registrada.
Tiene una presencia masculina fuerte y un porte tranquilo, pero decidido.
Suele mostrarse afable y pragmático, aunque bajo esa fachada esconde un pasado extremadamente violento y una determinación política férrea.
A Asirpa la llama por su nombre y cuida de ella como un viejo amigo de la familia, mientras que ella lo llama “Kiroranke nippa” (algo así como “tío Kiroranke”).
Yoshitake Shiraishi, en un tono más coloquial, se refiere a él como “Kiro-chan”.
Kiroranke siente una fuerte atracción por las mujeres de complexión rellena, a las que define como “de buen abrazo”, y su esposa responde exactamente a ese tipo físico.
Es muy directo en este aspecto: cuando en su juventud estaba huyendo en Sajalín y el espía japonés Koichi Hasegawa le enseñaba japonés, una de las primeras frases que aprendió a decir, orgulloso, fue “Me gustan las mujeres gorditas”.
Kiroranke habla con fluidez ruso, ainu, japonés, uilta y nivkh, y domina la lectura y escritura en japonés y ruso.
Esta capacidad multilingüe lo convierte en un puente natural entre los pueblos indígenas del norte, el Imperio ruso y Japón.
Como ex zapador del Séptimo Regimiento, es experto en manejo de explosivos y demoliciones.
En la historia porta granadas de mano artesanales, que fabrica y utiliza con enorme eficacia en combate.
Desde niño ha estado familiarizado con los caballos.
Es capaz de entender su estado físico y su temperamento con una sensibilidad poco común, por lo que detesta que se les trate con crueldad.
Esta empatía lo llevó a ser el responsable del cuidado de los caballos durante la Guerra Ruso-Japonesa, y también explica por qué se niega a comer carne de caballo: cuando en una ocasión prueba sin saberlo un guiso de intestinos de caballo y descubre su origen, no puede evitar escupir el bocado al instante.
Su jineteo es sobresaliente: cuando participa en una carrera de caballos, logra el primer puesto con naturalidad.
En combate, combina su puntería, el uso de explosivos y una notable sangre fría, lo que lo hace especialmente peligroso como guerrillero.
Orígenes y juventud
Kiroranke, cuyo nombre original es Yulbars, nace en la región del río Amur, en el extremo oriente del Imperio ruso.
Pertenece a una familia de origen tártaro con ascendencia ainu de Sajalín.
En la cultura de los nanai, uno de los pueblos indígenas del Amur, el tigre es considerado una divinidad, y se dice que quien mata a un tigre atrae la desgracia.
El nombre Yulbars, que significa “tigre”, encaja con ese trasfondo simbólico y con su rol como guerrillero temido y perseguido.
En su adolescencia, Kiroranke se integra en el movimiento revolucionario “Voluntad del Pueblo”, un grupo radical que lucha contra el zarismo.
Con apenas unos 15 años, participa en el atentado que acaba con la vida del zar Alejandro II mediante explosivos, convirtiéndose en uno de los ejecutores directos.
Tras el asesinato del zar, Kiroranke, Wilk y su compañera y líder revolucionaria Sofía Goldenhand pasan más de diez años huyendo de las autoridades rusas.
Perseguido como terrorista y con una orden de búsqueda y captura que se mantiene vigente durante décadas, Kiroranke termina cruzando por Sajalín y, junto con Wilk, se dirige finalmente a Japón.
Llegada a Hokkaidō y vida familiar
Desde Sajalín, Kiroranke y Wilk se trasladan a Hokkaidō y se asientan en cotan ainu cerca de Otaru.
Kiroranke establece su hogar en un poblado a cierta distancia del cotan de Asirpa, pero mantiene con la familia de Wilk una relación muy cercana, casi familiar.
Se casa con una mujer de complexión rellenita, tal y como a él le gustan, y tiene dos hijos pequeños.
Su vida en el cotan muestra una faceta doméstica y tranquila, en contraste total con su pasado como terrorista y partisano.
Durante este periodo, Kiroranke se alista en el Ejército Imperial Japonés.
Sirve en el Séptimo Regimiento de División de Infantería como zapador y es enviado al frente durante la Guerra Ruso-Japonesa, donde se le confía el cuidado de los caballos y el manejo de explosivos.
Sin embargo, en el momento en que se cruza con Asirpa, Saichi Sugimoto y Yoshitake Shiraishi, ya ha sido dado de baja y vive como civil en el cotan.
Su nombre japonés oficial para el alistamiento nunca se revela.
Tampoco se especifica que formara parte de la unidad dirigida por Tokushirō Tsurumi; se sabe, eso sí, que su paso por el ejército no lo vincula directamente al grupo de Tsurumi.
Primer encuentro con Saichi Sugimoto y Asirpa
La primera vez que Kiroranke aparece en la historia está pescando itou (un gran pez de río) en un río de Hokkaidō.
Allí se cruza aparentemente por casualidad con Asirpa, Saichi Sugimoto y Yoshitake Shiraishi, que también están pescando.
Sin embargo, no se trata de un simple encuentro fortuito.
Kiroranke busca deliberadamente a Asirpa para revelarle una verdad crucial: que el enigmático “Noppera-bo” que orquestó el robo del oro ainu es en realidad su padre, Wilk, y que este utilizó el nombre japonés de Asirpa, “Kochohe Asuko”, información que solo Wilk debía conocer, como una clave para dirigir a los presos tatuados hacia sus aliados externos.
Al saber que Noppera-bo y Wilk son la misma persona, Asirpa entiende que el misterio del oro está profundamente ligado a su familia.
Kiroranke, que afirma sentir “responsabilidad como alguien que viene del mismo país” y querer “verlo todo hasta el final”, decide unirse al grupo de Sugimoto rumbo a la prisión de Abashiri.
Desde entonces, Kiroranke actúa como aliado de Sugimoto:
utiliza sus granadas caseras y sus conocimientos ainu para abrir caminos, tender emboscadas y apoyar al grupo en situaciones de alto riesgo.
Su eficacia y serenidad lo vuelven rápidamente una pieza clave… pero también despiertan sospechas.
Desconfianza y sombras
A pesar de su contribución, hay algo en Kiroranke que nunca termina de encajar para Saichi Sugimoto.
Este percibe que está ocultando secretos importantes y lo observa con cautela, convencido de que Kiroranke no cuenta toda la verdad sobre el oro ni sobre Wilk.
Cuando la vidente ainu Inkarmat se une temporalmente al grupo, la tensión aumenta.
Inkarmat revela información facilitada por Tokushirō Tsurumi según la cual, durante el robo del oro ainu, Wilk fue asesinado por Kiroranke, y Noppera-bo no era más que uno de sus cómplices.
En otras palabras: Kiroranke sería el traidor responsable de la muerte de su viejo amigo.
Kiroranke rechaza estas acusaciones tajantemente, afirmando que formaban parte de una estrategia de Tsurumi para sembrar cizaña entre los aliados de Sugimoto.
Así, el grupo se encamina hacia Abashiri con un clima de colaboración tensa y desconfianza mutua.
Yulbars, el tigre del Amur
En capítulos posteriores se revela el auténtico pasado de Kiroranke y se confirma que su nombre original es Yulbars, “tigre” en tártaro.
Se aclara su verdadero trasfondo: tártaro, con bisabuela ainu de Sajalín, y miembro del movimiento revolucionario Voluntad del Pueblo en Rusia.
Kiroranke, Wilk y Sofía Goldenhand formaban un trío de revolucionarios de élite que operaban en el extremo oriente ruso.
Cuando apenas tenía quince años, Kiroranke participó directamente en el atentado que mató al zar Alejandro II, utilizando explosivos al estilo de un zapador experto.
Este hecho lo convirtió en un enemigo de máximo nivel para el Imperio ruso, perseguido durante más de veinte años.
A pesar del paso del tiempo, las autoridades rusas siguen buscándolo, y su vida está marcada por la fuga continua y el uso de identidades falsas.
Conexión con Sofía Goldenhand
Sofía Goldenhand, líder carismática y estratega clave del movimiento, permanece encarcelada durante años en la prisión de Aleksandrovsk-Sajalinski, conocida como la prisión de Aga, en Sajalín.
Kiroranke mantiene contacto clandestino con ella y planea su liberación.
Su intención es coordinar las fuerzas revolucionarias y utilizar el oro ainu como recurso para financiar luchas de liberación y movimientos independentistas.
Aunque nunca lo admite por completo en voz alta, todo indica que ve el oro como la posible base económica de una revolución en el extremo oriente, más allá de una simple restitución a los ainu.
Amistad, ruptura y asesinato
En su juventud, Kiroranke y Wilk son aliados cercanos en la lucha revolucionaria y compañeros de fuga tras la muerte del zar.
Kiroranke confiesa que “confiaba y amaba a Wilk desde lo más profundo del corazón”, admirando su racionalidad extrema y su visión política.
El plan original de ambos era ambicioso:
crear una “Federación del Extremo Oriente”, un nuevo Estado independiente que uniera el extremo oriente ruso, la isla de Sajalín y Hokkaidō en un solo país.
El oro ainu sería la base financiera para comprar armas, liberar a camaradas presos y sostener la causa revolucionaria.
Sin embargo, con el tiempo Wilk cambia de idea.
Una vez instalado en Hokkaidō, con una hija (Asirpa) y una nueva vida, considera más realista centrarse solo en la independencia de Hokkaidō y en la defensa de los ainu allí, en lugar de arriesgarlo todo en un proyecto continental aún más enorme y utópico.
Para Kiroranke, esta renuncia es una traición.
Desde su perspectiva, Wilk ha sido “domesticado” por su nueva familia y ha abandonado a sus antiguos camaradas y al resto de pueblos oprimidos del norte, incluida Sofía, que sigue esperando desde Rusia.
En su interpretación, Wilk se ha convertido en “el lobo debilitado” dentro de la manada.
Kiroranke hace una analogía con la idea de los lobos que, cuando uno se vuelve débil, llama a la manada para que lo mate por el bien del grupo.
Dice que, dado que Wilk admiraba ese concepto, la forma más “alta” y coherente de honrarlo era matarlo según ese ideal.
El asesinato de Wilk en Abashiri
Cuando el grupo llega finalmente a la prisión de Abashiri, Wilk, que en realidad estaba vivo y encerrado allí bajo la identidad de Noppera-bo, es reconocido por Asirpa.
Justo cuando parece que la verdad sobre el oro va a salir a la luz, Kiroranke actúa.
En secreto, hace una señal a Hyakunosuke Ogata, con quien ha pactado previamente, para que dispare a Wilk y lo mate.
El disparo de Ogata atraviesa a Wilk mientras Asirpa observa, incapaz de comprender lo que acaba de suceder.
Poco después, Inkarmat presencia accidentalmente a Kiroranke y Ogata conspirando, y en el forcejeo que sigue, Kiroranke la hiere de gravedad con su propia pequeña daga ainu (makiri).
Aunque la intención directa no era matarla, el resultado es casi letal, y la culpa recae sobre él.
Tras estos hechos, Kiroranke oculta su papel en la muerte de Wilk.
Se lleva consigo a Asirpa y a Yoshitake Shiraishi y, junto con Hyakunosuke Ogata, parte hacia Sajalín, con la excusa de recuperar los recuerdos bloqueados de Asirpa sobre la clave del oro.
Objetivos en Sajalín
En Sajalín, Kiroranke persigue varios objetivos simultáneos:
reunirse con Sofía Goldenhand, liberar a sus antiguos camaradas de la prisión de Aga y, sobre todo, despertar en Asirpa el recuerdo de la “llave” del oro escondido.
Conforme avanzan, la persecución de Saichi Sugimoto, Genjirō Tanigaki, Otonoshin Koito, Hajime Tsukishima y otros aliados, ahora aliados temporales de Tokushirō Tsurumi, se vuelve cada vez más estrecha.
La traición a Wilk y el casi asesinato de Inkarmat han encendido una profunda sed de venganza, especialmente en Tanigaki.
Liberación de Sofía y huida sobre el hielo
Kiroranke y sus aliados logran asaltar la prisión de Aga y liberar a Sofía y a otros compañeros revolucionarios.
El siguiente paso del plan consiste en cruzar los campos de hielo invernal para pasar desde Sajalín al continente ruso, utilizando el hielo marino como puente.
Durante la travesía por los témpanos, el grupo se ve atrapado por una tormenta de nieve devastadora.
La ventisca desorienta a todos, dispersa al grupo y genera el caos perfecto para que Hyakunosuke Ogata intente llevarse a Asirpa por su cuenta, traicionando a Kiroranke.
En medio de la tormenta y de la persecución, el grupo de Saichi Sugimoto finalmente alcanza a Kiroranke.
Se desata una batalla brutal sobre el hielo.
Duelo en el hielo
En el combate, Kiroranke vuelve a demostrar sus habilidades con explosivos, utilizando sus granadas artesanales para mantener a raya a sus perseguidores.
Se enfrenta directamente a Genjirō Tanigaki, Otonoshin Koito y Hajime Tsukishima.
El momento más irónico y cargado de sentido trágico ocurre cuando Tanigaki logra apuñalar gravemente a Kiroranke con el mismo makiri que él había usado para herir a Inkarmat.
La herida es profunda y Kiroranke, aunque se resiste, comienza a debilitarse rápidamente.
Más adelante, durante el enfrentamiento, Kiroranke queda en una posición vulnerable en la que Koito está a punto de rematarlo.
Antes de que el golpe final caiga, Asirpa se interpone, frenando el combate.
Últimos momentos
En esos instantes finales, Asirpa ya ha recuperado la memoria crucial sobre el código de los tatuajes que conducen al oro.
Ella le comunica a Kiroranke que ha recordado la “llave del oro”, es decir, que el secreto que él tanto quería arrancar de la sombra ya no está perdido.
Al escuchar esto, Kiroranke se tranquiliza.
Puede morirse con la idea de que el viaje a Sajalín y todos los sacrificios no fueron en vano, y de que Asirpa tiene ahora el poder de decidir el destino del oro ainu.
Kiroranke exhala su último aliento sobre los témpanos formados por el agua helada del río Amur, su lugar de origen convertido en hielo.
Su cuerpo es enterrado de acuerdo con un rito de “entierro en hielo”, cubierto por bloques de hielo del Amur.
Yoshitake Shiraishi, al realizar el improvisado funeral, comenta que “Kiro-chan era demasiado serio”, resumiendo en pocas palabras la mezcla de idealismo, obstinación y rigor que definió la vida de Kiroranke.
Tras la partida del grupo de Sugimoto, Sofía regresa sola al lugar, retira el hielo del rostro de Kiroranke para despedirse, deja su makiri como marca funeraria y se aleja.
En capítulos posteriores se aclara con mayor precisión el propósito último de Kiroranke y sus razones para matar a Wilk.
Su sueño era fundar un Estado independiente en el extremo oriente: una “Federación del Extremo Oriente” que uniera el extremo oriente ruso, la isla de Sajalín y Hokkaidō en una única entidad política.
El oro ainu jugaba un papel clave en esta visión.
Para Kiroranke, debía servir como capital para liberar a compañeros encarcelados, financiar movimientos guerrilleros y sostener diplomáticamente la independencia frente a Rusia y Japón.
Wilk, tras formar una familia en Hokkaidō y encariñarse con su nueva vida y con Asirpa, cambia de prioridad.
En lugar de un gran proyecto continental, decide que lo más realista es centrarse en la independencia o, al menos, en la autonomía y seguridad de Hokkaidō y de los ainu que allí habitan.
Para Kiroranke, este giro representa una renuncia a los pueblos del Amur, a Sajalín y a sus camaradas, especialmente Sofía, que sigue “esperándolos en Rusia”.
En su explosión de rabia, le recrimina a Wilk que Hokkaidō se ha convertido en su verdadero hogar y que eso ha roto su compromiso original.
En su lógica, un Wilk que ya no lucha por todos los pueblos oprimidos del norte sino solo por su propia familia se ha convertido en un “lobo débil” dentro de la manada.
Por eso afirma que lo mató “a la manera del lobo que él tanto admiraba”: haciendo que el grupo elimine al miembro debilitado por el bien del conjunto.
Aun así, el relato deja un vacío importante: Kiroranke nunca revela con total claridad, en palabras directas y finales, cómo pensaba exactamente utilizar el oro ni qué papel planeaba para Asirpa en el nuevo orden.
La única persona que parece conocer toda la verdad, incluidos los detalles no pronunciados, es Sofía Goldenhand, que se marcha tras despedirse de su viejo camarada, llevándose con ella el secreto del proyecto de Kiroranke.
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