Ares es el dios de la guerra de la mitología griega, uno de los doce dioses del Olimpo, conocido por su poderoso cuerpo, su apariencia de bello joven y un rasgo muy distintivo: tiene la mandíbula partida.
Nombre: Ares
Género: Masculino
Es uno de los doce grandes dioses olímpicos, ocupando el sexto lugar entre ellos.
Su dominio principal es la guerra, el combate y la violencia en el campo de batalla.
Ares se presenta con el cuerpo de un guerrero extremadamente fuerte, pero con el aspecto de un joven hermoso.
Su mandíbula partida se ha convertido en un sello visual característico, que refuerza su imagen de dios rudo y marcado por la batalla.
Ares posee una complexión física muy robusta, propia de un guerrero que vive para el combate.
Aunque es un dios de la guerra, no se reduce a un simple bruto: tiene un fuerte sentido de orgullo y camaradería.
En contraste con muchos otros dioses, conocidos por ser arbitrarios, caprichosos o totalmente desconsiderados, Ares destaca por ser uno de los pocos dioses relativamente sensatos.
Se comporta de manera más lógica y razonable que la mayoría de sus pares divinos, lo que lo hace alguien sorprendentemente “normal” dentro del Olimpo.
Pese a su imagen violenta, Ares es capaz de respeto profundo hacia quienes considera dignos.
Esto se ve con especial claridad en su relación con Heracles.
Durante una antigua “conferencia sobre la supervivencia de la humanidad”, surgió la propuesta de castigar severamente a la humanidad.
El lugar elegido para llevar a cabo ese castigo fue Tebas, ciudad que Ares considera prácticamente como su propio jardín o territorio personal.
Al enterarse, Ares decidió liderar personalmente un ejército divino para atacar Tebas.
Su intención era ejecutar el castigo en ese lugar que él mismo consideraba suyo, mostrando su orgullo tanto como dios de la guerra como guardián de su “jardín”.
Sin embargo, Heracles bebió ambrosía y obtuvo el poder de Zeus para detener al ejército de los dioses.
De esta forma, Ares y Heracles se enfrentaron directamente en combate.
En la batalla, ambos lucharon en igualdad de condiciones, chocando como auténticos titanes.
El combate fue tan intenso que finalmente Zeus tuvo que intervenir y detenerlos.
Con el paso del tiempo, la diferencia de poder entre ambos se amplió.
Ares reconoce que ahora no puede compararse con la fuerza actual de Heracles, ni siquiera “llegar a sus pies”.
Aun así, Ares recuerda aquella batalla con enorme orgullo.
Le gusta hablar de ese enfrentamiento con un tono presumido, como una de sus mayores glorias personales.
Tras esos acontecimientos, Ares y Heracles se convirtieron en algo así como hermanos juramentados.
Ares siente una confianza absoluta en Heracles y lo considera su mejor amigo divino, su “máximo camarada entre los dioses”.
En un panteón lleno de dioses descontrolados, egoístas o impredecibles, Ares resalta como una figura relativamente cuerda.
No es precisamente suave ni pacífico, pero actúa con más sentido común que muchos de sus compañeros olímpicos.
Sabe reconocer el valor en los demás, como en el caso de Heracles, y no tiene problema en admitir cuando alguien lo supera.
Al mismo tiempo, mantiene un orgullo firme por sus propios logros, especialmente por aquel combate legendario contra su ahora aliado.
Su combinación de brutalidad guerrera, apariencia juvenil, rasgo físico peculiar y sorprendente sensatez lo convierte en una figura muy particular entre los dioses del Olimpo.
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